En su barrio de Monelos la veneran; recibe cartas de todo el mundo; se presentó al programa para ver adónde era capaz de llegar; y llegó tan lejos que no se lo cree
El cartero no acababa de entender por qué, de repente, empezaron a llegar a A Coruña cartas desde los lugares más recónditos del mundo dirigidas a María Victoria Folgueira Fariña (A Coruña, 1975), sin más datos que el nombre de la destinataria y, como señas, el barrio de Monelos. Su éxito en el programa de culto Saber y ganar , de La 2, ha hecho que sus seguidores sean legión. Y es que la televisión no solo hace famosos a quienes viven del cuento.
-Refrésquenos la memoria. ¿Cuántos programas?
-En la primera etapa, 86, más algún especial que coincidió por el medio. Después fueron los de los «magníficos», para escoger al que volvería este año, y eso fueron nueve programas. Después, los catorce que faltaban hasta los cien y unos cuantos sueltos.
-Es usted casi de plantilla...
-[Se ríe] Un poco sí. Cuando llegas a tantos programas acabas siendo de la familia.
-Eso es mucho saber y mucho ganar. ¿En euros?
-En total, 71.000. Todo el mundo me lo recuerda en clave de hipoteca.
-Pero Hacienda no perdona, ahora toca «saber y pagar»?
-Sí, y bastante.
-¿Y cómo se le ocurrió ir a la tele a buscar fortuna?
-Era un programa que veíamos en casa desde que empezó. Siempre me gustaron los espacios de preguntas y respuestas, o el Trivial y estas cosas. Me animé porque, en ese momento, no estaba trabajando, podía permitirme viajar a Barcelona sin problemas. Y, un poco, para ver adónde podía llegar. Tenía la idea de que podía hacerlo bien. Es lo típico, ves el programa en casa, contestas a lo que preguntan y te dices: «Igual yo podría». Me di cuenta de que sabía cosas raras que otros no sabían. Y me fui a probar, aunque no pensé que pudiera llegar a tanto.
-Se la ve tímida. ¿No le costó superar el miedo escénico?-
-Soy muy tranquila y suelo responder bien ante la presión, nunca me he quedado en blanco. Los nervios me hacen estar más alerta.
-¿No se cansa de aprender?
-Siempre tuve curiosidad por muchas cosas. Y cuando algo me llama la atención, intento informarme sobre el tema. Siempre he leído muchísimo, desde pequeña, todo lo que caía en mis manos.
-Que su familia tenga este quiosco, ¿habrá influido también en su pasión lectora? [Ángeles, la madre de Victoria, está a lo suyo detrás del mostrador, pero muy pendiente del interrogatorio al que está sometida su hija].
-Sí, en casa siempre han entrado muchas revistas, cosas variadas. Y mis padres siempre han leído mucho [La cara de Ángeles se ilumina con la mención, pero ella sigue a lo suyo]. Leer, para mí, es algo natural, divertido. Recuerdo las tardes después del colegio, siempre mirando por las estanterías a ver qué encontraba.
-Y en clase bien...
-Bueno, en el colegio no tanto, mejor después, en el instituto. ¡De repente empecé a sacar muy buenas notas! Quizás lo del colegio fue un problema de motivación o de aburrimiento.
-Su éxito en «Saber y ganar» tiene que haber sido un motivo de orgullo en su familia. Igual no me oye tu madre? [Llegado este punto, Ángeles está menos a lo suyo y más a la entrevista de su hija. No aguanta más e interviene].
-¡A nosotros se nos cae la baba! Disfrutamos más que ella en muchos aspectos. Cuanto más nos felicitan, mejor.
-También habrán sufrido mucho...
-Muchísimo, pero no delante de la tele, sino el día que sabía que estaba grabando.
-Desde que ha vuelto Indiana Jones, los arqueólogos como usted están de moda...
-Lo nuestro es diferente, pero yo no soy de las que se oponen a Indiana; tengo que reconocer que también tuvo algo que ver en mi decisión de dedicarme a la arqueología, no reniego de mis orígenes, pero nuestro trabajo es mucho más prosaico, más metódico.
-¿Y cómo es eso de que recibe cartas de muchas partes del mundo?
-Así es, normalmente es gente que ha disfrutado con el programa y te lo cuentan, también hay cartas de gente mayor, de personas que te cogen un cierto cariño. [Ángeles, su madre, vuelve intervenir]: ¡Y le llegan cartas que no tienen puesta la dirección! Un día estábamos comiendo, llaman por teléfono y era de Correos: «¿Es ahí la casa de Victoria Folgueira ?». «Sí, soy su madre». Entonces sigue: «Es que tenemos aquí un montón de cartas y no sabíamos adónde mandarlas. Algunas solo ponen: Victoria Folgueira , barrio de Monelos. Hemos tenido que mirar todos los Folgueira de la guía».
-Para que digan luego de Correos?
-[Sigue Ángeles] ¡Y siguen llegando, después de un año, y de todo el mundo!
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