«Cuando en los primeros años de vida los chavales no reciben el alimento emocional que proporciona la familia, luego, con el paso del tiempo, se sentirán inseguros y canalizarán esa sensación a través de la tribu, del grupo de iguales que son sus amigos, para encontrar en ella lo que no han encontrado donde debían», afirma el psicólogo José Marzoa a la hora de explicar qué puede inducir a un joven a delinquir.
En opinión de este profesional, la falta de valores, normas y límites condiciona el futuro de muchos adolescentes, que hallan en esos grupos de iguales el caldo de cultivo sobre el que se forjarán sus conductas futuras, aderezadas ya a edad temprana con dosis de baja tolerancia social y alta frustración personal.
«El no haber sido educados en el esfuerzo les condiciona y les hunde en la falta de responsabilidad», añade Marzoa, para quien los valores tienen que canalizarse y afianzarse mediante las emociones, el respeto y la empatía.
«El amor es un arte que hay que enseñar», concluye este profesional que trabaja con adolescentes conflictivos en la entidad lucense Camiña Social. Esta asociación desarrolla desde junio Xeracciona, programa de intercambio de experiencias intergeneracionales mediante el que, en semanas alternativas, jóvenes internos en los centros de reeducación Concepción Arenal y Monteledo, de A Coruña y Ourense, respectivamente, se reúnen con adultos en centros sociales y acogidos en residencias de la tercera edad de ambas provincias para conversar e intercambiar experiencias vitales.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios