Niños, enfermos y ancianos son los colectivos con los que principalmente desempeñan su labor
Sindicatos y entidades afirman que el 90% de las personas que prestan los servicios son hispanoamericanas
No hay registro de su actividad, no forman parte de la Galicia oficial, pero sí de la real hasta el punto de que, en muchos casos, podría considerárseles imprescindibles: son las personas que trabajan y proporcionan apoyo social a miles de gallegos, muchos de los cuales viven en soledad o no pueden valerse por sí mismos.
Falta constancia de cuántos son, de cómo es su trabajo y de las condiciones en que se desarrolla, pero, si se pregunta a las secciones sindicales y a las asociaciones gallegas especializadas en inmigración, la coincidencia en el dato es generalizada: prácticamente el 90% de los asistentes y cuidadores en régimen de internado son extranjeros, entre los que se incluyen los casi 4.000 registrados en el régimen de hogar de la Seguridad Social.
Messaoud Elomari, del Centro de Información de Traballadores Estranxeiros de Comisións Obreiras, avala el porcentaje y lo perfila: «Se ocupan principalmente de ancianos, niños y adultos discapacitados y de enfermos de alzhéimer». Miguel Fernández, de Cáritas Santiago y portavoz del Foro de Inmigración, apuntala el porcentaje: «Este servizo concreto está monopolizado por inmigrantes en réxime de internado».
En clave femenina
Willy Álvarez Cancio, secretario general de la Federación Galega de Inmigrantes Fillos do Mundo -cuya bolsa de trabajo (886 122 867) es de las más activas de Galicia-, es rotundo al respecto: «Se non houbese mulleres inmigrantes, casi non habería quen atendese a moitos galegos, incluso dependentes».
La clave está, en efecto, en las mujeres, cuyo perfil responde a una hispanoamericana mayor de 40 años, en situación irregular, empleada de hogar pero también cuidadora de personas necesitadas o de enfermos por unos 600 euros mensuales o por 7 o 9 euros la hora. Eso es, según quienes conocen esa realidad, lo habitual; pero hay quien cobra más y está contento con el trabajo y el trato, y a quien se le paga menos y se le explota: «É un traballo sufrido, nada recoñecido e moitas veces os traballadores están semiexplotados», señala Miguel Fernández.
Una tarea que hasta hace poco era casi exclusiva del entorno familiar recae ahora en personas ajenas a él, la mayoría mujeres que en muchos casos aceptan esa labor como complemento a los ingresos del marido. Guillermo Fernández-Obanza, de Ecodesarrollo Gaia, va más allá en su diagnóstico: «Las inmigrantes no tienen otra opción. Otras no quieren esa responsabilidad ni por dinero porque exige dedicación, paciencia, comprensión y sufrimiento».
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