El parque eólico Sotavento, cuyas instalaciones se reparten entre los términos municipales de Xermade (Lugo) y de Monfero (A Coruña) estará varios meses inactivo a consecuencia de un robo de hilo de cobre que se cometió ya el mes pasado y que afectó al transformador eléctrico de las instalaciones.
Aunque la información sobre la sustracción trascendió ayer, se llevó a cabo entre los días 22 y 25 del mes pasado. La cantidad de hilo de cobre que se robó no es muy grande, puesto que ronda, según informaciones facilitadas a este periódico, los dos metros y medio de longitud. El problema reside, según explicaciones de la empresa, en que se trata de un tramo de conducción que va desde el transformador hasta la toma de tierra de la subestación.
El parque eólico, situado entre la zona norte de la Terra Chá y el sur de la comarca eumesa, evacúa su energía por medio de una línea de alta tensión que conduce a la subestación de As Pontes, localidad situada a pocos kilómetros de la zona donde están colocados los aerogeneradores. Solo dispone, de acuerdo con informaciones facilitadas a este periódico, de una línea de evacuación.
Al carecer de una alternativa en ese asunto, el parque eólico estará parado durante el tiempo que se tarde en reparar la avería en el transformador: fuentes de la empresa aseguraron que el coste de la reparación sería alto, aunque sin concretar cantidades, en tanto que otras fuentes explicaron que podría suponer un gasto en torno a unos 300.000 euros.
El parque eólico Sotavento puede producir al año, en total, 36.500 megavatios, si bien ahora, tras el reciente robo, puede pasar de tres a seis meses con las instalaciones inactivas. No es la primera vez que las instalaciones sufren un ataque como el del penúltimo fin de semana, sino que ya otras dos veces habían pasado por una situación similar.
Producto apreciado
La sustracción sufrida en el parque eólico pone de manifiesto el interés despertado por el cobre, cuyos robos se han cometido últimamente en los lugares más diversos, desde farolas de alumbrado público -con el consiguiente apagón posterior- hasta líneas de ferrocarril. Lo que sí parece confirmado, según algunas fuentes, es que este metal encuentra una buena salida en el mercado una vez sustraído.
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