La parroquia de Luou (Teo) es un lugar dividido por un conflicto vecinal. Cuando el cementerio parroquial se quedó pequeño, una parte de los vecinos apoyó la construcción de un nuevo camposanto y otra parte, de otro. Las apenas 200 familias que viven en la parroquia quedaron separadas por un abismo insalvable. Unos son la Agrupación Vecinal y otros, el Patronato. Viven enfrentados entre sí en una lucha por la que, ahora, ni los muertos descansan en paz. Ayer fue exhumado el único cadáver que había enterrado en el cementerio del Patronato. Llevaba allí desde el 2001.
La instalación empezó a construirse en el año 1995. El Concello de Teo (vecino de Santiago) le cedió la parcela al Patronato de forma irregular y tuvo que revocar la licencia en 1999. Pero no había vuelta atrás. Desde la asociación liderada por el vecino José Piedra siguieron con el cementerio en pie e incluso enterraron, como medida de presión, a la mujer que ayer tuvo que ser exhumada después de siete años.
Mientras tanto, se iban sucediendo litigios, recursos, apelaciones y un largo enfrentamiento judicial y personal entre los vecinos de los dos cementerios. Unos y otros fueron invirtiendo parte de sus ahorros en comprar un lugar para recordar a los suyos y ponerles flores. Y otra parte en litigar.
La última sentencia del Tribunal Supremo, de diciembre del 2006, dispuso que el terreno donde está el cementerio del Patronato es de titularidad municipal. Para recuperarlo, el Ayuntamiento tenía que desenterrar el único cadáver que había.
Los trabajadores municipales acudieron a las diez y media de la mañana de ayer. Con ellos estaba el atribulado hijo de la fallecida, que tuvo que comprobar cómo los operarios extraían del nicho el féretro de su madre, ya deteriorado por el paso de los años. También tuvo que comprobar cómo lo trasladaban al cementerio parroquial de Luou, el de toda la vida, el que nunca había enfrentado a nadie.
El silencio del cementerio del Patronato de Luou sigue siendo sepulcral. Pero ya no hay ningún cadáver. Ahora, ya solo las placas de los nichos desiertos, con los nombres de sus propietarios, recuerdan a los que nunca podrán dormir en ellos.
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