La hija de la ancinana muerta dice que la han «engañado».
Purificación Vila Souto, hija de la anciana envenenada supuestamente por su nuera en el municipio coruñés de Carballo, que fue quien le administró el jarabe que le provocó la muerte, asegura que la han «engañado».
Esta mañana se ha celebrado en la Audiencia Provincial de A Coruña la segunda sesión del juicio a Olga Cotelo, la mujer acusada de envenenar a su suegra, Jesusa Souto Cristóbal, de casi 93 años de edad, en enero de 2006.
Al parecer, Cotelo, que era la encargada de cuidar a la anciana, echó un potente plaguicida, el «Cúspide 48», en uno de los medicamentos que la víctima tenía que tomar, el jarabe «Motilium», pero fue la hija de Jesusa la que le administró el fármaco, ya que la víctima se encontraba en su casa para pasar las Navidades.
Los familiares de la imputada, que han declarado como testigos, han coincidido en afirmar que Cotelo padecía trastornos depresivos y recibía tratamiento, si bien han constatado que nunca había existido una mala relación entre ella y la madre de su esposo.
Por su parte, la hija de Purificación, María Dolores, ha dicho que Olga, una vez que Jesusa tuvo que ser ingresada en el Complejo Hospitalario Juan Canalejo de A Coruña, le había advertido de que los frascos de jarabe «estaban malos y había que tirarlos», pero, en ese momento, no le dio importancia.
El 12 de enero de 2006, Purificación abrió uno de esos frascos con el fin de medicar a su madre, pero vio que su contenido «olía muy fuerte», por lo que decidió bajarle la dosis.
No obstante, al poco tiempo de tomar el medicamento, la anciana comenzó a sentirse mal, a vomitar y a sufrir temblores, por lo que fue trasladada al Hospital, en el que permaneció 13 días hasta su fallecimiento, el 25 de enero de ese año.
Por su parte, la acusada no ha podido prestar declaración, ya que, a pesar de que el fiscal y el abogado de la defensa le han formulado varias veces las preguntas, parecía encontrarse turbada.
«Desgraciadamente, ésa es la realidad desde hace dos meses», ha apuntado la defensa.
Asimismo, su esposo, Gelasio, y su hija de 18 años, Mónica, han preferido acogerse a su derecho de no declarar.
Según han recordado el instructor y un agente de la Policía Nacional a los que prestó declaración Cotelo tras la muerte de su suegra, la acusada confesó haber aplicado en el jarabe un sulfato «sin saber cómo», pero aclaró «entre sollozos que no quería hacerle daño a su suegra» y que su marido y su hija «la habían perdonado».
Otra de las funcionarias policiales que estuvo presente en el interrogatorio de la psiquiatra del Juan Canalejo a la acusada ha incidido también en que ésta reconoció la autoría de los hechos «de forma instantánea, sin que nadie le hubiera preguntado nada».
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