El experto Wilfried Wang considera «irresponsable» e «inaudito» no establecer límites a los arquitectos
En agosto de 1999, como miembro del jurado encargado de elegir al diseñador del complejo que la Xunta construye en el compostelano monte Gaiás, advirtió por escrito al Gobierno autónomo, entonces presidido por Manuel Fraga (PP), de que la alternativa propuesta por Peter Eisenman excedía los volúmenes constructivos programados y abriría un agujero negro en el erario gallego. En noviembre del 2007, ayer, el prestigioso arquitecto alemán Wilfried Wang regresó a Santiago, compareció en el Parlamento y alertó, entre otras cosas, de que el coste final del proyecto alcanzará los 600 millones de euros (cien mil millones de pesetas), frente a los 108,2 inicialmente previstos y los más de 313 ya consumidos. «La responsabilidad -espetó- recae, sobre todo, en el cliente», o sea, en quien contrató al norteamericano, aquel Ejecutivo popular donde Jesús Pérez Varela dirigía la política cultural.
Consultado acerca de la necesidad o no de imponer límites presupuestarios a los arquitectos en el desarrollo de sus ideas, Wang sentenció: «Es algo inaudito que no se les pongan. Es irresponsable, es como darle a alguien un cheque en blanco. Claro que debe haber límites específicos de coste, de área... Incluso las obras de arte del Renacimiento los tenían». Contestó así una cuestión del socialista Xaquín Fernández Leiceaga. Ya en otro momento de su intervención, incluso llegó a ironizar con los desfases de este tipo en la Ciudad de la Cultura. «Como turista, espero que el edificio se acabe. Dentro de 50 años todos habremos olvidado esta polémica, exceptuando los impuestos añadidos que tendrá que pagar todo el mundo», manifestó.
El diputado nacionalista Xosé Ramón Paz Antón preguntó al alemán si se ratificaba en unas declaraciones a La Voz en una entrevista este verano, en la que acusaba a sus colegas del jurado de haber optado por la opción de Eisenman debido, en parte, al «miedo» que les inspiraba la figura de Fraga. No solo no se desdijo, sino que regaló al auditorio otra perla. «Fraga -aseveró Wang ayer- era la sombra que se proyectaba siempre sobre el jurado. El proyecto era faraónico. La noción de que este dirigente estaba creando su propia tumba ya se debatía en aquel jurado, esa idea salió de allí». El parlamentario Ignacio López-Chaves (PP), en tono despectivo, se refirió entonces al compareciente como «Wang sin miedo, porque parece ser que todos tenían miedo salvo usted».
Menos política, más técnica
A propósito de los errores del pasado y de cara al futuro, el experto recomendó a la Xunta que no organice más concursos de ideas arquitectónicas donde los políticos sean mayoría sobre los técnicos, donde los responsables de adoptar una decisión carezcan de informes técnicos con los que solventar sus dudas y donde la etiqueta de «competencia internacional» no se corresponda realmente con un número elevado de opinantes extranjeros. También les sugirió la posibilidad de conceder mayores oportunidades a los arquitectos locales, en lugar de buscar fuera el talento de casa.
Wang, quien nunca consideró a Eisenman «capaz» de materializar su idea, defiende que, llegadas a este punto, las obras han de acabar, para que el día de mañana supongan un motivo de «orgullo». Y que el bipartito debe fichar a genios que llenen de contenido y vida lo que, de otra manera, se convertirá en «una tumba vacía».
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