Los padres del agresor se pusieron el viernes en contacto con la familia del herido para mostrarle su apoyo
Para mí es más culpable el que grabó la pelea que el que le pegó, ya que fue el chico del móvil el que llamó al agresor para decirle que mi nieto estaba paseando con la bici por el muelle», comentó indignada la abuela del joven de 14 años brutalmente agredido en Boiro, el día 22, mientras que otro tomaba las imágenes desde un teléfono móvil para, posteriormente, difundirlo. Y ese hecho es lo que más escuece en la familia del chaval: el trasvase de las imágenes. «Es una humillación, tanto para él como para nosotros», comentó la madre.
Han pasado once días desde la paliza. La mirada del herido es el fiel reflejo del calvario que está pasando. No quiere salir de casa ni ir al colegio. «Teño medo e vergonza de que se rían na miña cara os meus compañeiros», asevera el joven agredido. Como consecuencia de las patadas y puñetazos recibidos, T. ha sufrido diversos hematomas en la cabeza y la pérdida de dos dientes, aunque cabe la posibilidad de que pueda quedar sin otros dos. «Está todo cosidiño pola boca», sentenció la abuela con amargura.
En otra casa
El miedo del joven a salir a la calle lo refleja su madre. «Desde que sufrió la agresión, vive en casa de mi hermana para que esté tranquilo y un poco alejado de todo lo que rodeó a la paliza. Pero ayer [anteayer para el lector] hablé con T. para que viniese conmigo a casa, ya que no trabajaba en Difuntos», comentó la progenitora, que añadió: «Se negó en redondo y estuve hasta cerca de la una de la madrugada para convencerlo de que se viniese conmigo. Al final accedió, pero con una condición: que no lo dejase solo en ningún momento».
Sobre el origen del incidente, una golpe al hermano del agresor, T. lo niega rotundamente. «Estábamos xogando, aínda que recoñezo que ao mellor o magoei un pouco, sen querer», señaló. El mal trago que está sufriendo queda reflejado en su rostro. No mira a la cara de la gente, se esconde y se queda sentado en el sofá observando un televisor apagado. Su bisabuela, rauda y veloz, acude a llevarle unos Donuts para el desayuno, mientras espeta: «Foron a por el e non tiveron piedade».
Los padres del agresor se pusieron en contacto el viernes con la familia. «La verdad es que se portaron muy bien, ya que en todo momento nos hicieron saber que sentían lo que había hecho su hijo, y que los costes derivados de las lesiones sufridas por T. corrían por su cuenta», comentó la madre del chico.
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