Primero fue el Prestige , el que dañó de muerte a Man. Muerto el anacoreta de Camelle, abandonados su casa y su museo, la obra de su vida, llegó otro mal: el de los vándalos que se llevan trozos de ese legado abierto al mar, pero también al despojo, y acaban con lo que hizo Manfred Gnádinger, aquel que llegó a Camelle en 1961 y murió el 28 de diciembre del 2002, ahogado por la marea de tristeza que le invadió tras el desastre del petrolero. Tenía 66 años.
Desde entonces, su figura ha estado más o menos olvidada para las Administraciones, pero en absoluto para el resto: colectivos, artistas y particulares han realizado libros, poesías, melodías, canciones (una de ellas cantada por Ana Belén), documentales (nacionales y extranjeros), recogida de firmas enviadas a Touriño para proteger su legado, iniciativas parlamentarias, exposiciones, webs, cuadros, homenajes reivindicativos y libretas voandeiras .
Eso, por un lado. Por otro, tampoco se olvidan de Man algunos de los que siguen visitando su caseta de cinco metros cuadrados y su jardín pétreo (en otros tiempos animado), haciendo caso omiso a las advertencias que impiden el paso, penetrando algunas veces en la chabola o llevándose algún recuerdo . No vale generalizar, pero es notorio que muchos de los visitantes lo han hecho, otros tantos lo han denunciado, pero todo seguía igual.
Hasta hoy. El Concello de Camariñas ha decidido vallar, con tablas, el museo. Estaba previsto para ayer, pero el acopio de madera lleva su tiempo. Sandra Insua, concejala de Cultura, cree que «xa está ben. Hai xente que se mete dentro, que marcha coas súas cousas, que deixa aquilo danado. Non pode ser». Cabe preguntarse por qué no se hizo antes. El anterior alcalde decía que lo intentó, pero que le faltaba el permiso del Gobierno, ya que está en zona de Costas.
La puesta en valor de su obra y figura parece que, al fin, llegará. El día 15 se abrirá al público la Casa da Cultura de Camelle, dedicada al alemán. Una sala mostrará parte de su obra. Estos días, una técnica contratada por el Concello clasifica y ordena las 40 cajas de libretas en las que los visitantes anotaban o dibujaban sus impresiones. Un abogado compostelano está a punto de terminar de redactar los estatutos de la fundación que llevará su nombre y gestionará su herencia (no es poca, ya no sólo artística) y bienes. Un proyecto de restauración dirigido por expertos en bellas artes, valorado en 30.000 euros, y que conservará las huellas de Man está ya terminado y pendiente de ver la luz.
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