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Yanagihara brilla con su historia más oscura

Yanagihara acierta con el tono al abordar los abusos infantiles en su novela.


02/12/2016 05:20

"Nunca olvidaré este final. ¿Cómo puedo empezar ahora otro libro? Devastador. Me siento como si hubiera vivido con ellos. Mi corazón está roto. El mejor libro que he leído”... Y muchos más. Cientos de tuits escritos en varios idiomas surcan las redes para dejar patente que Tan poca vida, la última novela de Hanya Yanagihara, no deja a nadie indiferente. Una historia sobre el miedo a hablar, sobre la soledad y la amistad que perdura.

Cuatro jóvenes se conocen en la universidad y se trasladan a vivir a Nueva York para llevar adelante sus brillantes carreras profesionales. La vida parece sonreírle a Jude (exitoso abogado), J.B. (artista reputado), Willem (actor famoso) y Malcom (arquitecto vanguardista). Ellos viven en preciosos lofts y también tienen casa de campo, además de viajar los fines de semana a Europa. Un paraíso de amor y lujo. Pero también hay sombras.

La oscuridad que Jude esconde en su interior lo inunda todo. Su infancia atormentada y los terribles abusos a los que fue sometido lo hacen vulnerable. Brillo y oscuridad se alternan de forma sutil a lo largo de las más de 1.000 páginas en las que Yanagihara nos mantiene pegados a su historia agarrándonos por las tripas, haciéndonos sufrir. Y lloramos. Pero seguimos leyendo, ya que Jude nos importa. No podemos abandonarlo nosotros también.

Por momentos el relato es tan cruel que pierde visos de realidad. Tal vez deberíamos entenderlo como una fábula. Un cuento del siglo XXI en el que hay buenos y malos. En el que los sueños se pueden cumplir, en el que los caballeros andantes de la amistad y el valor luchan contra los seres malignos que acechan en la sombra.

Tan poca vida se lee como una droga. Te enganchas a la miserable infancia de Jude y esperas un respiro desde la fantasía de esa vida perfecta de Nueva York. En ella se retrata a los jóvenes actuales con sus ansiedades e imperfecciones, con su nueva forma de familia. La ambigüedad sexual, la inseguridad en el compromiso, el miedo a tener hijos, la tentación de las drogas... Todo está aquí.

Yanagihara acierta con el tono al abordar los abusos infantiles. Siembra la información dejando que el lector persiga la pista de lo que se oculta entre la necesidad de saber y el horror de conocer.

Una historia sin contexto ni pretexto que se hace imperioso comentar cuando la has terminado y que se queda en tu cabeza durante muchas semanas. En su portada, la foto de un hombre que parece que sufre pero que es en realidad Orgasmic Man, una obra del fotógrafo Peter Hujar de la serie amor y lujuria. No todo es lo que aparenta.

 

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