Las numerosas salidas de pista y accidentes del primer gran premio avanzan lo que puede ser el campeonato.
Aquellas viejas imágenes que ya parecían olvidadas de coches mordiendo la hierba más de la cuenta o rozando los muros de contención coqueteando con el peligro están de regreso en la Fórmula 1 gracias a la decisión de la FIA de limitar la injerencia de la electrónica en los monoplazas.
El debut de la temporada 2008 en Melbourne dio un saludable anticipo del espectáculo que se puede vivir en las próximas 17 carreras del calendario, con coches sin control de tracción ni freno de motor, ausencia que potencian las luces y las miserias de los 22 pilotos de la parrilla. «Es excitante para el deporte», dijo el británico Martin Whitmarsh, director ejecutivo de la escudería McLaren-Mercedes.
El Gran Premio de Australia, con sólo siete coches que terminaron la carrera, ya figura entre las carreras más accidentadas de los últimos 20 años, junto a Mónaco '90, Sudáfrica '93, España '96 y Mónaco '96, en la que sólo finalizaron cuatro bólidos. «El control de tracción puede ser un factor, porque hemos visto muchos autos deslizándose y moviéndose», aventuró el italiano Stefano Domenicali, debutante jefe de equipo de Ferrari en reemplazo del frances Jean Todt.
Dicho sistema electrohidráulico compensaba hasta el 2007 el exceso de giro de las ruedas traseras en el momento de la aceleración, lo que provoca que los pilotos deban ahora acelerar con cuidado para no perder adherencia y derrapar, algo no siempre sencillo si se está bajo presión o con la necesidad de remontar. Esa modificación, sumada a la eliminación del freno de motor, un sistema de control de frenos que daba mayor estabilidad en determinadas maniobras, permite que el protagonismo regrese al interior del habitáculo y no se digite desde boxes, algo que los corredores agradecen.
Aunque la medida pone a todos en igualdad en la grilla, los más jóvenes podrían verse ligeramente beneficiados. «Creo que necesitarán un poquito menos para acostumbrarse, porque han sido expuestos al control de tracción durante un porcentaje menor de sus carreras», observó Whitmarsh. Hamilton, por ejemplo, no utilizaba el sistema cuando salió campeón de la GP2 en el 2006.
Así las cosas, las pistas dejarán de estar pobladas por símiles de coches a control y se volverá, por lo menos en parte, a las fuentes. Ahora sólo falta saber quién se coronará como el nuevo Andrea De Cesaris, aquel mítico piloto italiano de comienzos de los '80 que tenía la rara habilidad de andar más tiempo por la hierba que por el asfalto.
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