No hubo daños personales, pero sí diversos de carácter material. Ocho bomberos, la totalidad de los que estaban en servicio, trabajaron durante casi dos horas para extinguir el incendio y retirar los cascotes y uralitas que se desprendieron y asegurar la zona, y hasta el lugar se desplazaron patrullas de la Policía Nacional y de la local. También se desplazó un técnico de Urbanismo para realizar el pertinente informe. El tráfico rodado se cortó durante toda la operación y también el peatonal: el viento aproximó las llamas al edificio de enfrente y el calor derritió las persianas de varios pisos, que cayeron sobre la acera y la calzada.
El susto a los vecinos no se lo quita nadie. «Me vino un olor a quemado y me asomé: ya lo vi todo negro», relata Sandra Fernández, una vecina, la primera que alertó al 112. «Saltaban las uralitas y se oían los estallidos del cristal, parecía una metralleta», describe. «Estaba visto que un día esto iba a pasar», agregó apuntando la cantidad de edificios deteriorados existentes en la calle. Coincide con la opinión de otros muchos vecinos que ayer se arremolinaban en corrillos, desafiando a las cenizas y a la fina lluvia que emanaba de las mangueras: «Aquí solo se actúa cuando pasa algo, es un abandono completo». Entre ellos, algunos de los desalojados. También tuvo que ser trasladada una anciana que vive un par de números más arriba.
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