No hubo alfombra roja, pero el bautismo del Pazo da Cultura tuvo todos los elementos que acompañan a un buen estreno, aforo lleno, un cartel de primera y rostros conocidos del mundo de la cultura, de la política y de la sociedad, en este caso, naronesa. Como lo que es, un gran teatro, se vistió el Pazo para darse a conocer entre sus vecinos. Azafatas para recoger las invitaciones, para acomodar a los invitados y para darle caché al evento. El alcalde, como un pincel, y sus concejales, vestidos para la ocasión.
Pocos minutos antes de las seis de la tarde, hora prevista para la inauguración, ya desde el puente de Vosa, se podía observar el tumulto formado alrededor del Pazo. Policías y Protección Civil tratando de acomodar a los cientos de coches y dos serpenteantes colas en las puertas de entrada.
Fuera hacía mucho frío, y dentro también. Sin más rodeos, fue el alcalde, Xoán Gato, el que abrió el acto con un discurso que, aún con modos de mitin por momentos, transmitió un mensaje claro: «Este Pazo será o faro que ilumine a cultura de Narón».
Con unos nervios a los que no acostumbra el regidor naronés, motivados, quizás, por la emoción del momento o porque era observado por 900 miradas, Gato arrancó un discurso plagado de referencias a los que hicieron y hacen posible las escuelas del Padroado, a los responsables de la obra en sí y al alma máter del Padroado, Luciano Fernández.
No se olvidó de criticar a los que subestimaron la capacidad de Narón para gestionar unas instalaciones de este tipo y a los que no respaldaron económicamente el proyecto. Matizó que fue el crecimiento industrial, económico y demográfico del municipio el que permitió a Narón el levantamiento del Pazo. «Porque podemos, podemos, Narón pode», manifestó Gato
No dudó en establecer comparaciones, aunque estas siempre son odiosas: «En Ferrol constrúe a Xunta un auditorio que segundo o último concurso sairá en 16 millóns de euros, cando o noso custou once». Incluso, introdujo Gato cifras relativas al auge del municipio.
Después de él vino la cultura de Narón en su máxima expresión, el baile, la música, el teatro... Y los aplausos fueron la banda sonora.
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