El Concello vuelve a ser el escenario preferido para protestar, sea contra Reganosa, el escudo antimisiles o la ley de policía
El más famoso arquitecto brasileño, Óscar Niemeyer, diseñó la estructura perfecta para el baile y la fiesta nacional de su país: el sambódromo. En días como ayer, si viviese en Ferrol y siguiese el mismo razonamiento, seguro que levantaría un buen «manifestódromo». La idea no es original, la acuñó el anterior alcalde, Juan Juncal, al final de su mandato, cuando colectivos de pelaje diverso acudían a los plenos para gritar reivindicaciones en plan desaforado.
El último año pasó en calma relativa, pero parece que eso se ha terminado. Vuelve la moda de montarla en el Ayuntamiento y, mientras no surja un Niemeyer que impulse el primer «manifestódromo» de España, bien vale el palacio municipal, un edificio de los años 50 y estilo imperial que parece el parque Terra Mítica de las movilizaciones.
En la primera planta, en el salón de recepciones, están encerrados algunos miembros del Comité Cidadán de Emerxencia (CCE) de la Ría de Ferrol. No entorpecen la vida municipal ni montan follón. Se limitan a repartir octavillas y vender camisetas reivindicativas junto a la entrada del consistorio. Pasan parte de la jornada en los sillones tapizados del salón, entre termos de cafe, bollos y bocatas, mesas plegables, retratos de Carlos III (que sí son del Ayuntamiento) y un televisor para pasar las horas muertas.
El CCE inició su encierro el día 3, y probablemente lo disolverá el domingo, tras la manifestación que publicitan con una gran pancarta colgada en medio de las escaleras.
En cuestiones de tiempo les saca ventaja José Álvarez, un vecino que está en huelga de hambre, ¡desde el 22 de mayo!, para rechazar el escudo antimisiles que Estados Unidos planea instalar en Europa, y que considera será una fuente de conflictos y guerras en el futuro.
Aún hay clases
Pero para todo hay diferencias, hasta para protestar en el improvisado «manifestódromo» de Ferrol. José Álvarez estaba acampado en los soportales del Ayuntamiento, pero el pasado 2 de junio fue desalojado por la Policía Local, es de suponer que por orden del bipartito, según cuenta en la página web pazesfuerza.wordpress.com. Menos mal que no se le ocurrió encerrarse en el salón de recepciones, que si no igual le hace falta a él el escudo antimisiles.
La tercera manifestación de la jornada corrió a cargo, ya es casualidad, de la Policía Local. La nueva ley no les permite entrar en el Concello a protestar, así que tienen que limitarse, como Álvarez, a los exteriores del «manifestódromo». El estilo de los guardias no tiene nada que ver con el del CCE, nada de termos de café, bollos y televisor. Empezaron con disfraces, pero llevan desde diciembre dale que te pego y da la sensación de que se acabaron las bromas. Ahora imponen un ritmo de cornetas, sirenas, cazuelas de bazar chino y petardos talla grande.
Llevan tapones para los oídos, y no es de extrañar. Entre las 11 y las 12 convirtieron el «manifestódromo» en una especie de Chechenia. El humo y la pólvora de los petardos llegaron a la segunda planta, y el ruido trituró los tímpanos del personal, los políticos y los ciudadanos. Incluyendo a los miembros del Comité Cidadán de Emerxencia y a José Álvarez, que observaba como la movida se desarrollaba en los mismos soportales de los que había sido desalojado.
Por si fuera poco, la protesta coincidió con la reunión de la junta de seguridad local, en la que participan, entre otros, el alcalde Vicente Irisarri; la concejala del ramo, Sandra Ríos; y los mandos de la Guardia Civil, la policía nacional... y la local.
En la calle, los escoltas miraban el follón sorprendidos. Tanto como un conocido abogado de Lugo, que no pudo evitar preguntar qué era todo aquello y si es normal, porque casi nadie miraba. Los más alucinados eran un grupo de alumnos que acudían a la muestra Los aromas de Al Ándalus. Boquiabiertos. Y los menos, los bebedores de cerveza que se instalan a diario en las escaleras del Concello. A gritos, pero lograban hacerse oír. Todo un ejemplo de adaptación al entorno.
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