El mayor mitin del PP sirve de bálsamo contra sus problemas judiciales
Mariano Rajoy encontró ayer en Pontevedra el refugio que necesitaba tras ocho días muy duros, en los que las presuntas tramas de corrupción que salpican a su formación han marcado la vida política del país. En una plaza de toros llena hasta la bandera, más de 10.000 incondicionales (12.000 según la organización), como en las mejores faenas, no pararon de vitorear y aplaudir a un presidente del Partido Popular que arrancó su intervención garantizando que «nadie va reventar este partido, nadie va a poder con él».
En el que va a ser el mayor acto de los populares en la campaña para las elecciones gallegas, Alberto Núñez Feijoo no solo contó con el respaldo de Mariano Rajoy. Al ruedo también saltaron algunos miembros que ya forman parte de la historia del PP gallego: los dos ex presidentes populares Gerardo Fernández Albor y Manuel Fraga, que estuvieron precedidos por Telmo Martín, presidente local del partido.
Un despliegue de 200 autobuses, 20.000 vatios de sonido y muchos kilos de confeti, en el primer acto político que acoge la plaza de toros desde la Segunda República, demuestra la apuesta del PP por Pontevedra. Es la provincia de la que salió más castigado en las elecciones del 2005 (pasó de 12 a 10 diputados), pero también es donde los populares consideran que todavía tendrían alguna posibilidad de recuperar votos. De ahí la fuerte apuesta realizada.
En su intervención, Rajoy tocó donde más duele al ciudadano: la crisis. Y contrapuso la imagen de un Gobierno bipartito al que le va «el lujo asiático» en el que está «asentado» y «un presidente con un coche más caro que el de Obama», a los miles trabajadores que pierden el empleo y las miles de pequeñas empresas con graves problemas.
Tampoco olvidó Rajoy desempolvar el Plan Galicia: «¿Dónde está el tren de alta velocidad? ¿Dónde están las autovías? ¿Dónde está el Plan Galicia?», preguntó. Lo hizo tras explicar que por la mañana había visitado Muxía y lo único que encontró del parador que aprobó el Consejo de Ministros del 2003 (celebrado en A Coruña tras el accidente del Prestige ) «fueron los terrenos que le dio el PP a la Xunta».
El mensaje de un país que atraviesa un duro momento económico frente a un Gobierno que despilfarra tampoco faltó en el discurso de Feijoo. Ironizando, explicó que la crisis de la automoción no se supera comprando coches de lujo, ni la del sector forestal se arregla comprando muebles de fuera de Galicia, «nin o paro se resolve colocando militantes a dedo na Xunta».
Tras comprometerse a darlo todo por Galicia -«todo o que teño, toda a forza do meu corpo, hasta a última gota para non defraudar»-, también hizo referencia a la cuestión lingüística: «Imos baleirar as escolas de ideoloxía para enchelas de coñecemento».
Todos los oradores lamentaron que el PP no pueda gobernar pese a ser la primera fuerza política. Pero la receta para salir de esta situación la dio Manuel Fraga, que subió al escenario ayudado por Telmo Martín y Alfonso Rueda, y con la pañoleta azul con el emblema del PP anudada al cuello: «Hai que pedir os votos un por un, casa por casa, ese é o secreto da victoria».
Y tras una de las muchas interrupciones protagonizada por un público eufórico, Fraga les reprochó: «Non basta con aplaudir nun mitin como hoxe. ¡Hai que traballar!».
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