Pese a perder, España firmó un duelo para recordar frente a una constelación de estrellas de la NBA
España planta cara en la final olímpica a Estados Unidos en uno de los mejores partidos que se recuerdan
España ganó la plata. Rubricó un esfuerzo notable, quizá en su mejor actuación de los últimos años, pero insuficiente para conquistar un oro casi imposible. Pese a todo, la derrota en la final deja el aroma de los grandes duelos. Nadie esperaba que un grupo que no conjuga el verbo resignarse, acostumbrado a romper moldes desde su fulgurante aparición en el Europeo júnior de 1998, se entregara a la displicencia o a ejercer de comparsa de las estrellas de la NBA. No lo hizo, claro. La selección española cayó frente al todopoderoso Estados Unidos, pero después de poner en serios apuros al mejor equipo que uno pueda recordar desde que la liga norteamericana envió al dream team a los Juegos de Barcelona para resolver sus diferencias con el baloncesto FIBA.
La lesión de Calderón, las faltas de Raúl López, los problemas físicos de Ricky Rubio, las pocas reservas de un Pau Gasol castigado por una temporada extenuante, la permisividad arbitral con los continuos pasos en la arrancada de los norteamericanos o la dureza bajo los aros? A todo se sobrepuso el grupo de Aíto García Reneses.
España aguantó el arreón inicial de un rival que salió dispuesto, como en el resto de los encuentros, a resolver por la vía rápida. Al frenético ritmo inicial de Estados Unidos contestaron los españoles con la misma medicina. Ni un paso atrás. Un hermoso e intenso intercambio de golpes y de canastas del que Gasol y compañía salieron indemnes. Los norteamericanos solo pudieron conservar su renta con un estratosférico acierto exterior (8 de 12 intentos antes del descanso). El festival ofensivo antes del descanso dejó un parcial para el disfrute (61-69).
Aíto se guardó argumentos para el tramo final. Aceptó el desgaste inicial, trató de conservar frescos a Rudy y Navarro (por fin volvió la Bomba) y buscó tras el descanso un mayor control del juego. La defensa zonal española que concedió menos canastas fáciles a un rival acostumbrado a jugar por encima de aro. Objetivo cumplido. Estados Unidos sintió el aliento español hasta los instantes finales. Primero cuando a falta de 8 minutos para el final, se colocó a dos puntos (89-91) y después, a solo 4, con un 104-108 que pudo verse reducido si el aro no hubiera rechazado un triple de Carlos Jiménez. Exhausta y sin Rudy (cinco faltas), España se negó a firmar la rendición. Un par de técnicas en el tramo final y la postrera aparición de Kobe Bryant impidieron la que podría haber sido probablemente la mayor gesta de la historia del deporte español.
Una lástima para un equipo que cierra un círculo para la historia: campeón del mundo, plata en el Europeo y subcampeón olímpico. ¿Irrepetible?
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