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piragüismo El santuario olímpico de David Cal

El gallego abre su habitación a La Voz, donde juega a la Play, «fuchica» en Internet y, sobre todo, descansa

Autor:
Fernando Hidalgo Enviado especial
Fecha de publicación:

¿Qué pasa por la cabeza de David Cal en los días previos a su reto a la historia? ¿Qué secretos se cuecen en la alcoba del campeón? Pues no esperen cosas de extraterrestre de este chaval que en la intimidad de su habitación de la planta baja del Reward International Hotel se porta como un tipo normal que se pasa casi todo el día tirado. «Hay que descansar», dice sonriente.

En los Juegos Olímpicos de Atenas, Cal y todo el equipo nacional de piragüismo se alojaron en unos apartamentos de la localidad de Nea Macri. Eran modestos, muy modestos. En China, el equipo se hospeda en un hotel de cinco estrellas, muy cercano a la pista de piragüismo, a diez yuanes (un euro) de taxi. La habitación es de las de a 500 euros el día. Mucho ha mejorado con respecto a Grecia. Es prácticamente una suite, con una superficie de 40 metros cuadrados. En ella pasa las horas muertas tirado en la cama, sentado ante el ordenador, jugando con la Play Station...

David recibe a La Voz vestido con la camiseta amarilla del equipo nacional. «Hola, bienvenido», dice tras abrir la puerta. Llama la atención cierta penumbra. El aire acondicionado está apagado, que para eso se fue al Saucelle a inmunizarse contra las altas temperaturas; además, así previene enfriamientos que podrían arruinar todo el trabajo realizado en los últimos cuatro años.

Desconexión

Lo cierto es que un día en la vida olímpica de David es de todo menos estresante. Y menos para él, que es un privilegiado a la hora de eliminar la presión de su cabeza. Entra en su privacidad, deja la pala reposando contra la pared y es capaz de desconectar al 99 por ciento del piragüismo. «Si no lo hiciera, me volvería loco», cree.

Cal se levanta sobre las ocho de la mañana. Se da una ducha, (el baño tiene bañera y ducha, pero siempre opta por la segunda) y a las ocho y media baja a desayunar. Unos cereales, algo de fruta (melón, por ejemplo), «algún bollito, depende», y zumo. Y vuelta a la habitación hasta la comida a las doce y media de la mañana. Entre tanto tiempo libre, David toma el mando de la Play Station. «La verdad es que estos días he jugado algo, pero no mucho, acabo aburriéndome. He jugado con el Collin McRae, con el Grand Theft Auto ...», comenta. También mata los ratos navegando por Internet: « Fuchico un rato en la red. Veo los correos que me mandan mi familia y mis amigos. Respondo y navego un poco».

«Perdidos» y «Héroes»

Pero la mayor parte del tiempo, Cal la ha pasado viendo series de televisión en su portátil. «Suso [Morlán, su técnico] me pasó Perdidos . Y la verdad es que engancha. Está muy bien, tengo que ver ahora la cuarta temporada. También tengo pendiente de ver otra serie, Héroes ».

A las doce y media baja al comedor. No tienen queja ni él ni su entrenador, pues comen igual que en España: carnes, ensaladas, pastas... Y después, dos horas de siesta de descanso antes de acudir a la pista de Shunyi a entrenar. Allí en la cama, a veces lee una revista. Ayer, sin ir más lejos, ojeó un rato la de La Voz sobre los Juegos Olímpicos, en uno de los pocos momentos en los que no desconecta de su deporte dentro de la habitación. Otro es cuando hace ejercicios. «Tengo que estirar un poco aquí. A veces lo hago al acabar de andar en Internet. Tengo espacio suficiente para hacerlo con comodidad», dice.

La tele china

Por supuesto, ve la televisión china. Igual que en Grecia, no se entera de nada de lo que dicen los locutores. «Pero lo veo, que es lo fundamental en el deporte». Vuelve a recordar la pena que le dio el resultado de la carrera de triatlón: «La estuve viendo con mucho interés. Fue una pena para Javi, que lo hizo muy bien, pero no pudo alcanzar el podio. Iván hizo una gran carrera». Por lo demás, se entretiene con cualquiera de los deportes que dan en los numerosos canales chinos, en los que cada dos por tres ofrecen un repaso de cómo va el medallero. Mejorar el español es el objetivo de David.

Por la noche, a las ocho, a cenar y retirada al cuartel. Una serie en el ordenador y a soñar, con cualquier cosa menos con piragüismo: «No me como la cabeza con el piragüismo. Le dedico muchas horas, es mi profesión y me gusta. Pero no puedo estar todo el día con ello en la cabeza. Pienso en otras cosas. Hay muchas cosas en las que pensar. En la pista, solo pienso en remar, en el barco, en la competición. Tiene que ser así. No puedes presionarte todo el día».

 

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