Los expertos ven a los dos candidatos igual de eficientes ante la cámara
Lo que nunca se debe hacer gestos prohibidos por los asesores de imagen
Cuidado con los enfados
En uno de los debates con Zapatero, Rajoy se mostró demasiado crispado y está comprobado que a la audiencia le disgusta la acritud continua e injustificada. Está claro que esta vez medirá su enfado para no movilizar al electorado de izquierdas.
Son ya 50 años de debates electorales desde que en 1960 un joven Kennedy desafiara a un inseguro Nixon. Desde entonces, los asesores de los candidatos de todo el mundo han aprendido de los errores de otros y, en la actualidad, los aspectos formales de estos enfrentamientos televisivos suelen funcionar como un reloj de precisión. Pero todos los expertos coinciden en que el aspecto formal es crucial. En aquel duelo en blanco y negro, Nixon convenció a los que lo escuchaban por la radio. Pero defraudó a quienes lo vieron por televisión. Estaba pálido por una reciente ingreso hospitalario, apenas se había maquillado y el sudor aumentó la sensación de que estaba nervioso.
Empate telegénico
Aquello era la prehistoria de la televisión. El profesor de Comunicación Audiovisual de la Complutense Alfredo Arceo Vacas cree que tanto Rubalcaba como Rajoy «utilizan perfectamente el medio, tienen mucha experiencia y sabrán adaptar su lenguaje al tipo de transmisión». En este análisis coincide el experto en comunicación política Santos Ortega, de MAS Consulting. «Ambos son similares, tanto por su trayectoria como por su forma de desenvolverse en el medio», dice.
Naturalidad ante todo
Para Arceo Vacas, los asesores no deben agobiar a los candidatos con demasiados consejos sobre gestos, dicción, o actitud. «Lo fundamental es que sean naturales y que se sientan cómodos. No pueden sentirse encorsetados en un modelo de comportamiento que no es el suyo. Si hay que corregir algo, debe ser un aspecto mínimo». Santos Ortega también resalta el valor de la naturalidad. «En el lenguaje no verbal la naturalidad es clave y estoy seguro de que ambos van a transmitirla». Ortega considera que otro valor crucial es el de la cercanía, que no ve incompatible con que el espectador sea consciente de que está ante hombres de Estado. «No hay que confundirla con la chabacanería», dice.
Gestos, los justos
Santos Ortega, como buena parte de los asesores que escribieron sobre estos asuntos, cree que los gestos deben «acompasar al discurso». Con moderación, y siempre «entre la cintura y los hombros». Alfredo Arceo indica que los asesores deben corregir la tendencia de Rubalcaba de llevarse las manos por encima de la barbilla y moverlas en círculos. Estos gestos cercanos a la cara, asegura, dan en televisión una sensación de agresividad desmedida. Rajoy debe controlar un tic suyo muy común, como es abrir demasiado los ojos o la salivación bucal excesiva. Pero Arceo cree que muchos de estos defectos ya se corrigen al negociar la realización, evitando los primerísimos planos. Rubalcaba, por contra, tiene cierto síndrome del profesor. «Mira demasiado a su alrededor buscando una aprobación que en televisión, si no hay público, no existe».
Ortega alega que lo fundamental es buscar un lenguaje gestual que no genere distracciones innecesarias. El espectador se concentra al principio, pero a medida que el programa avanza va perdiendo capacidad de atención. De ahí que los expertos consideren que los primeros momentos del debate son cruciales y se cuide tanto la escenografía de la llegada como los primeros momentos del programa. Estos minutos casi de cine mudo son cruciales para componer la primera imagen del espectador.
Los finales son más importantes si son desafortunados. Como aquel que protagonizó el candidato republicano John McCain cuando fue a saludar a la esposa de Obama y la actual primera dama fue directa hacia su marido. McCain terminó dubitativo y desorientado en el escenario buscando el premio de consolación de su propia esposa.
Vehemencia controlada
Los candidatos, asegura Santos Ortega, deben poner sobre la mesa las eventuales falsedades del contrincante, «pero sin que sea necesario un gran cambio en el tono general». Hay que mostrar fuerza, pero nunca perder los papeles. El ejemplo al que todos recurren es el enfado de la socialista Ségolène Royal con Sarkozy en el 2007. El actual presidente de la República le pidió que se calmase, pero ella se negó alegando que era un «enfado sano». Quizás era sano, pero su nerviosismo acabó pasándole factura.
Evitar mesarse la barba
Este gesto, muy común en las personas con barba, denotaría mucha inseguridad, pues estaría más cerca del tic que de una postura destinada a la reflexión. No obstante, los expertos consultados consideran que ninguno de los dos tiene esta manía.
Evitar gestos estridentes
Es un consejo que raya en la obviedad. Los gestos extemporáneos deben evitarse, sobre todo en los contraplanos, cuando es el turno del contrincante y el candidato puede tener la tentación de desatender el discurso del contrario. Hay que cuidar los gestos del silencio.
Las manos, nunca por encima de la barbilla
La televisión realza la agresividad de aquellos gestos que se hacen cerca de la cara. Y contra lo que pueda parecer, esta sensación provoca malas vibraciones en la audiencia. Rubalcaba es más propenso a esto que Rajoy.
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