Febril actividad dominical en las tres terminales, que van recuperando la plena normalidad
A falta de datos de Aena, ya son más de 3.000 las reclamaciones presentadas por los viajeros en los tres aeropuertos gallegos, de las que unas 2.500 corresponden a Lavacolla y más de 600 a Alvedro, según fuentes consultadas.
La terminal compostelana, en donde se inició el paro de los controladores, recobraba ayer poco a poco la normalidad. No había cancelaciones a primeras horas, aunque sí ciertos retrasos. En alguna aerolínea se quejaban de que las demoras estaban ocasionadas por la concesión por los controladores de más slots de despegue (reserva de tiempo para realizar las maniobras) de los realmente necesarios. Este hecho, que se venía ya produciendo dos meses antes del paro, llega a provocar retrasos de hasta una hora en las salidas. Tal tensión se generó que una empleada de Iberia con mucha sorna llevó un ramo de flores de parte de los trabajadores de la compañía a los controladores, dándoles las gracias por hacer tan bien su trabajo y dejar que los demás también lo hagan.
Mientas Lavacolla recobraba su pulso, en el despacho de Aena había un goteo constante de viajeros que hacían sus reclamaciones. El número de estas es tal que llegaron a agotarse las hojas oficiales, por lo que el personal tuvo que hacer fotocopias. Un considerable fajo se amontonaba en el despacho a la espera del curso oportuno.
Proliferación de colas
Las colas fueron la tónica en Peinador durante todo el día, en facturación y en llegadas, y en ocasiones en las oficinas de alquiler de vehículos y en el despacho de Aena. En este último se recibieron reclamaciones de viajeros, pero su responsable evitó concretar su número, aunque negó que fuera espectacular. Una fue la de Sergio Ramírez, de 34 años, que el sábado se hallaba en Madrid por motivos de trabajo y tuvo que regresar en coche. Ayer se acercó a Peinador para formular su reclamación.
El primer vuelo de la mañana de Alvedro salió hacia Lisboa. Alguno reconocía que no las tenía todas consigo. «Visto lo visto, se viene con toda cautela», admitía Andrés Lamarde. A medida que pasaban las horas, los temores se iban disipando.
Ana Calvo Andújar es una coruñesa a la que privaron de parte de sus vacaciones. Estudia en Madrid y tenía previsto pasar el puente en casa y ahora se tiene que «conformar con lo que queda». Mucho peor lo pasó Yamile Méndez, que salió el jueves de Venezuela, desviaron su avión a Lisboa y allí pasó «cinco horas dentro de la nave», hasta que salieron hacia Madrid. Y faltaba lo peor, casi 40 horas de pie o tumbada en el suelo de Barajas.
Otra experiencia inolvidable fue la de una pareja que regresaba de Kenia después de un mes de trabajos humanitarios. Ana Belén Amil y José Ramón Sánchez salieron de África el jueves y llegaron a París. Y ahí se quedaron hasta que Air France les consiguió una ruta alternativa: avión a Tolousse, bus a Barcelona y cruzar los dedos un día entero (ayer a mediodía al fin los colocaron en un vuelo a A Coruña). Ellos son jóvenes, pero Higinio Blanco es mayor y ha tenido que pasar dos días y sus noches en Madrid tras un viaje desde Brasil. «Que esto no vuelva a suceder porque los que tenemos una edad lo pasamos muy mal», se lamentaba.
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