Perdió una pierna y uno de sus brazos ya no sirve para nada. Rubén López, militar albaceteño, resultó herido de gravedad en el atentado sufrido en septiembre del 2007 por un blindado del contingente destinado en Afganistán, en el que perdieron la vida dos compañeros de patrulla y un traductor afgano.
El soldado se siente abandonado, porque en todo este tiempo nadie del Ministerio de Defensa se ha interesado por su estado de salud o por el bienestar de su familia. Así lo declaró ayer en el Juzgado de Instrucción número 2 de Albacete, ante el que prestó declaración dentro de la investigación abierta por la Audiencia Nacional para aclarar aquel atentado. Su estado físico desaconsejó que se desplazase hasta Madrid, sede de los juzgados centrales. «Por parte del Ministerio de Defensa sé poco, las primeras fotos del principio y luego nada; de mis derechos y todo eso no sé nada», se quejó el soldado. Rubén López, de 21 años, sigue adscrito a la Primera Bandera Paracaidista de Paracuellos del Jarama (Madrid), aunque en situación de baja médica.
En su opinión, las misiones de paz en las que el Ejército participa son necesarias, pero el material con que cuenta la tropa no es el más adecuado. «Los vehículos no son aptos para estar allí, en Afganistán, porque son viejos; los chalecos antibalas tampoco son aptos porque las planchas que llevan estaban rotas de tanto usarse y había que pegarlas con cinta aislante», relató el militar, que pidió que le sea reconocida la condición de víctima del terrorismo.
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