La mujer de Rubén Alonso recuerda la pasión que el cabo vigués sentía por el Ejército desde que se conocieron con diez años
los fallecidos | rubén alonso ríos | Cabo primero, natural de Vigo
La entereza de María del Mar Borrajo era ayer sobrecogedora. Ella misma reconocía que aún no había asimilado lo que le había pasado a su marido ni su nueva situación: viuda con apenas treinta años (como él) y con dos hijos, de cuatro meses y tres años.
Ayer, cuando se disponía a descolgar el teléfono para hablar como todos los días con Rubén, el corazón le dio un vuelco. «Cuando vi unos números raros pensé que era él desde Afganistán, porque había quedado en llamarme pronto para que yo estuviera tranquila, pero al ver que era del cuartel pensé lo peor», relata la mujer.
Hablaban por teléfono todos los días porque a él le salía gratis. Sin embargo, el viernes le dijo: «Mañana no te llamaré, lo haré el domingo». No podía informarle de la misión en la que participaría, aunque ella sabía de sobra adónde iba, a Camp Stone, que figuraba en los planes de los dos destinos posibles, de los que ya habían hablado en casa.
Para siempre
Era un apasionado del Ejército. «Lo vivía, era feliz, ya desde pequeñito le gustaba, cuando nos conocimos en el colegio Mestres Goldar, con diez años, tenía pensado quedarse para siempre», continúa María del Mar emocionada, mientras advierte, acto seguido, del duro golpe que ha significado para los padres.
Y es que Rubén Alonso era hijo único. Residía en el primer piso de una vivienda unifamiliar de la parroquia viguesa de Castrelos. En la planta baja viven sus padres.
Lo primero que hizo al terminar los estudios fue opositar a la Policía Nacional. Enseguida se dio cuenta de que su camino estaba en el Ejército, del que había oído hablar mucho a su progenitor, en su día legionario.
En diciembre haría nueve años que ingresó en la brigada de Figueirido. Siempre estuvo allí hasta ahora. La de Afganistán era su primera salida y, pese a reconocer el peligro, estaba encantado. Partió el 26 de octubre y tenía previsto regresar a finales de abril.
«No llevaba nada, veinte días, y, además, desde que llegaron, era la primera vez que salían de la base», relata incrédula la mujer del soldado vigués para continuar explicando: «Él quería vivir esa experiencia, me lo dijo cincuenta mil veces, de hecho fue voluntario; tuvo otras oportunidades y no fue y, al final, mira tú».
El dinero
Que a Rubén Alonso le atraía el Ejército y que por ese motivo llegó hasta Afganistán no cabe ninguna duda.
Lo demuestra el hecho de que antes de marchar, cuando la gente le decía: «Ya verás, vas a ganar mucho dinero», a él no le importaba, le daba igual, no sabía lo que iba a ganar. Es más, se enteró quince días antes de la partida. Según María del Mar Borrajo, «cuando le ofrecieron la misión se la pintaron más bonita de lo que era, después cuando fue reconocido el sitio antes de partir ya supo que había peligro, que no era tan bonito, pero tampoco podía dar marcha atrás».
La mujer del cabo vigués habla y habla con naturalidad y sin despecho de lo sucedido, como si ello la aliviara en su dolor y le trajera la vida del que fue su marido durante cinco años, cuando nada hacía presagiar este triste final.
En un intento por justificar la mala suerte explica: «Ellos solo iban a dar protección al Ejército afgano y salían por primera vez; los anteriores salieron doce veces de la base y no tuvieron que usar nunca ni una bala».
Ahora se refugia en las explicaciones que le llegan de uno y otro lado: «Me explicaron que los talibanes habían dicho que era un ataque suicida contra los americanos y, claro, ellos están en la base de Camp Stone», concluye pesarosa para atender a los mandos militares que llegan a la vivienda familiar.
Funeral
En principio, le han asegurado que el cuerpo de Rubén Alonso llegará mañana por la noche a Madrid y que el martes será trasladado a Figueirido para la celebración del funeral rodeado de sus compañeros y amigos. Una vez concluida la ceremonia oficial, será incinerado.
Ayer las manifestaciones de dolor y apoyo a la familia se sucedieron durante todo el día en la vivienda familiar de Castrelos, dado lo querido que el soldado era en la zona.
El alcalde en funciones, Santiago Domínguez, emitió un comunicado de pésame y ha convocado para el mediodía de hoy un minuto de silencio en la plaza del Concello.
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