Gony Zubizarreta, Kako García, Luis Rodríguez y Daniel Almeida viven o tratan de vivir de su pasión. Lo que más les gusta son las olas grandes y, a ser posible, con la fuerza que traen en esta estación
Suena el despertador en la costa gallega. Luis Rodríguez se levanta, como otros tantos currantes, para ir a trabajar. Anoche revisó por cuarta vez las predicciones de MeteoGalicia y de alguna que otra página web especializada en surf, como Windguru. Tiene en común con muchos de sus paisanos que siempre anda pendiente del mar. A diferencia de los percebeiros y de tantos otros que salen a faenar, Rodríguez esboza una sonrisa cuando ve las olas subiendo por el monte. Las predicciones daban mucho mar para el litoral coruñés.
La jornada de este ferrolano arranca, en la mayoría de las ocasiones, con algo de piscina y una sucesión de aparatos de gimnasio para mantener esculpido su cuerpo a base de horas y horas de ejercicio. Tras la sesión, termina de subir la marea y la cosa no pinta nada bien. O cambia mucho el asunto o posiblemente sea uno de esos pocos días del año en que se cuelga el cartel de cerrado en su empresa. Este joven es uno de los pocos gallegos que viven profesionalmente del surf. Y no se puede permitir un día de vacío, y más como está el asunto. «Los patrocinadores ya no te pagan tanto como años atrás. Ahora es muy difícil vivir del surf», atestigua.
Sin embargo, puede ser un gran día para buscar las olas más grandes de Galicia, las que lo reconocen como uno de los pocos surfistas del mundo de olas XXL y el único de la región. «Galicia es el lugar de España con mayor potencial para coger olas grandes. Hay muchas olas; lo que no hay son medios ni muchos surfistas que se animen», explica.
En Burela entra menos mar que en Finisterre o en Prior, así que habrá que buscar una ola enorme con una buena corriente, por si el mar le juega una mala pasada. «La última vez que me eché con cuatro metros en San Jorge (Ferrol) estaba yo solo en el agua y partí la tabla. Las pasé canutas para salir del agua y es un riesgo, porque no hay nadie que te pueda ayudar. A veces llamo a las viejas glorias del surf local para que me vengan a vigilar desde la playa», comenta Rodríguez mostrando las últimas heridas de guerra en su mano y recordando que los oídos le pasan factura en la gélida estación.
Ante tal situación, Rodríguez realiza una llamada que puede resultar milagrosa. Un conocido del litoral lucense le confirma que otro de los grandes surfistas invernales gallegos, el bodyboarder Carlos García Kako, le ha preguntado previamente para atestiguar que las condiciones en Lugo son perfectas para surfear. Olas grandes, vientos del sur y marea baja dentro de unas horas, tiempo suficiente para liarse la manta a la cabeza y subir desde Ferrol hasta este rincón del Cantábrico.
Kako, entrenador de las mejores promesas del surf y del bodyboard gallego, también vive en Ferrol y para él la costa de Lugo es el pan nuestro de cada día en pleno invierno, cada vez que Galicia es atravesada por una borrasca. «El 95% de los días que hay buenas condiciones, estas coinciden en invierno», define.
Muchos lo consideran el descubridor de muchas olas en Galicia. «Posiblemente sea uno de los primeros que ha surfeado la Machacona [Burela]. Y si no fui el primero, ahí debí de andar con la del puerto de la cetárea de Cobas [Ferrol] y una que llamamos Doritos [San Ciprián]», comenta García.
Gony Zubizarreta también vive del surf, como estos dos ferrolanos, aunque puede ser envidiado por el resto de los profesionales de este deporte en la comunidad autónoma. Natural de Vigo, viene poco por Galicia porque es uno de los pocos riders con poder económico para competir internacionalmente con cierta asiduidad. Ha surfeado en los cinco continentes y aspira a entrar en el ránking de los mejores del planeta de la ASP, situándose a principios de la temporada 2010 en el número 150 de dicha clasificación. Una lesión lo apartó el pasado año de sus aspiraciones y ahora apura su concurso participando en pruebas que le proporcionen su ansiado sueño, una válvula de escape a la situación económica que atraviesan la mayor parte de los surfistas profesionales gallegos.
Daniel Almeida, natural de A Coruña, guarda otros planes para surfear en invierno. A él, lo que le atrae son las enormes masas de agua que provocan un ruido ensordecedor. Surfea una ola solo visible con prismáticos desde la Costa da Morte, un spot del que pide que se preserve su ubicación para que puedan seguir disfrutándola unos pocos elegidos. Elegidos es un decir, porque a esta ola solo se puede ir con más de cinco metros y con una moto acuática de apoyo, para remolcar a los surfistas hasta el pico, el lugar donde comienza a romper la ola. Y es que cuando estos deportistas bajan una ola como esa o como las que algunas veces salen en isla Pancha, Pampillosa o Pico do Couro (todas ellas en Lugo); no piensan ni en el frío, ni en la lluvia ni en las otitis. Solo en surfearla lo mejor posible para que no los engulla. Es el día a día del surfista gallego en invierno.
Olas de ría
Observar los inmensos cargueros que atraviesan el litoral amarrados en la mitad de las rías es un síntoma inequívoco de que el mar está embravecido. Si un barco de más de cien metros no puede navegar, tampoco debe de haber muy buenas condiciones para la práctica del surf. Sin embargo, las rías sí pueden reunirlas, debido a la intensa actividad de la mar.
Por ello, alguna playa de ría puede brindar los requisitos para aglutinar un buen número de surfistas en estos días de invierno, en el que el mar no concede tregua. Posiblemente Bastiagueiro (Oleiros) sea la playa de ría más frecuentada de Galicia, ya que se encuentra relativamente cerca de la ciudad herculina y no tiene tanta protección como otros arenales más encerrados al final de las rías. Pero no es la única. Ber, Miño, Perbes y Lorbé, situadas en la la ría de Betanzos; Cedeira u O Barqueiro pueden presumir de buenas olas, si el viento lo permite.
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