Un fin de semana es suficiente para hacer un recorrido por la ciudad
Ámsterdam no tiene pérdida. Una vez que se comprende que la ciudad es concéntrica, articulada en torno a canales, uno se puede guiar fácilmente por su centro con la ayuda de un plano de mano. La gente es extremadamente amable con el turista, con el que se maneja habitualmente en inglés. Ojo con los que son amables de más en las indicaciones, que luego piden propina. Un fin de semana llega para realizar las visitas obligadas en esta ciudad, que desde el día 29 de este mes estará conectada en vuelo directo desde A Coruña, con la compañía Vueling, los lunes, miércoles y sábados.
MUSEOS: Van Gogh y Rikjsmuseum
Más de 200 cuadros del Loco del pelo rojo alberga el Van Gogh Museum. Los 14 euros de la entrada valen la pena. Por si fuera poco, a partir de este domingo hay propina, pues se inaugurará una temporal de Gauguin. A unos pasos se alza el Rikjsmuseum (entrada, 12,5 euros), donde se pueden admirar La ronda de noche de Rembrandt. Para evitar colas, que pueden superar la hora de espera, es preferible comprar antes las entradas por Internet.
CASAS-MUSEO: Rembrandt y Ana Frank, con un Oscar de propina
La casa museo de Rembrandt (9 euros) recrea con gusto su época y permite ver una interesante colección de grabados. La visita a la vivienda en que Ana Frank (8,5 euros) escribió su diario es estremecedora pese a que su cuarto y otras estancias no están recreadas actualmente debido a que se están realizando mejoras. Hay tal silencio dentro que parece que los nazis acechan en el bajo. Al final del recorrido se puede ver un Oscar, el que ganó como secundaria Shelley Winters por El diario de Anna Frank (1959).
BARRIO ROJO: No saque la cámara
La imagen más tópica, y también más descarnada, de Ámsterdam, es la de las hetairas luciendo en ropa interior en las fachadas de casas, muchas de ellas casi tan antiguas como la prostitución. Se ven desde mozas que pasarían por modelos a señoras que podría haber pintando Rubens. Saludan y provocan, pero se irritan si el turista las apunta con la cámara de fotos.
CALLEJEO: La ciudad de los gatos
Pasa Roma por ser la ciudad de los gatos, pero pocos quedan allí en comparación con Ámsterdam, donde se ven en la calle y dentro de los bares, en los que uno entra a tomar un café y acaba con un minino en el regazo. Tal es la pasión por este animal que hasta hay un barco de acogida de gatos abandonados, el Poezenboot, en el canal Singel.
PASEO: Recorrido por los canales y los mercados
Es una ciudad para pasear, para admirar la arquitectura de esas casas casi clónicas de los canales, para recorrer mercados callejeros (Waterlooplein, Albert Cuypmarkt) o de flores (Bloemenmarkt), para perderse en el Begijn Hof, el barrio-jardín donde se respira paz. Opciones más turísticas son el paseo en barco por los canales o en carroza de caballos por las calles.
VIDA NOCTURNA: Más de 1.500 para elegir
Hay más de 1.500 cafés y bares. Un clásico es el Hoppe (Spui 18-20), de 1670 pero con wifi, donde puedes apurar una Heineken o un chupito de jenever. Leidseplein y Rembrandtplein concentran pubs y discotecas. Para música en vivo, el Paradiso (Weteringschans 6-8), donde hace nada tocó Adam Green a solo 12 euros la entrada.
COFFE-SHOP: Ojo con lo que fuma
El olor a marihuana y hachís sobrevuela Ámsterdam. La nube de humo es más densa en los coffee-shops, donde sin embargo no se permite fumar tabaco. Ojo con lo que pide: se han dado casos de gallegos que se pasaron dos días en la cama tras apurar un porro. Si no está acostumbrado, incluso aunque sea fumador, se recomienda pedir lo más suave de la carta.
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