La bolsa premia el relevo y espera un golpe de timón

El mercado recibe con euforia la marcha de Ron y las acciones de la entidad recuperan un 14 % en un día


Redacción / La Voz 02/12/2016 08:16

Fin de etapa en el Popular. Con Ron fuera y Saracho al mando, se abre un nuevo ciclo. Uno en el que no queda otra que variar el rumbo del barco. Se precisa un golpe de timón para recuperar la confianza de los inversores. Y para restaurar la credibilidad despilfarrada en el fragor de las mal disimuladas discrepancias internas. Aireadas durante demasiado tiempo.

Y urge hacerlo. Porque la huella que esa pérdida de confianza y reputación ha dejado en la cotización del banco es de las que se ven a la legua. Tanto es así que las acciones valen hoy casi un 70 % menos que cuando empezó el año.

Pero ¿qué es lo que ha hecho que los inversores perdiesen la confianza en el Popular? Mucho se ha hablado estos días de los especuladores. Que los hay. Y que han tenido un papel muy importante en el descalabro de la cotización. Claro que sí. Pero lo que de verdad ha erosionado la confianza inversora son los errores de gestión. Tanto que le han costado la cabeza a su máximo responsable: Ángel Ron.

Y ¿cuáles han sido esos errores? Los analistas lo tienen claro. La caída en desgracia de Ron, presidente en solitario durante diez años del Popular, tiene mucho que ver con su cuestionable gestión de la pesada losa de ladrillo y créditos tóxicos que carga el banco. Tan pesada como 34.000 millones. Es la entidad cotizada más expuesta al sector promotor.

La soga al cuello del ladrillo

Es esa la herencia de su papel en el bum inmobiliario, al que, por cierto, se sumó tarde. Pero también el fruto de la estrategia elegida por Ron en los años de la gran reconversión del sector bancario. Un plan que -para no quedarse atrás mientras sus rivales crecían- lo llevó a embarcarse en el 2011 -en plena crisis ya- en la compra del Pastor. Otro que acabó absorbido por sus dificultades para digerir el atracón de ladrillo.

Lo pagó caro. En más de un sentido. Primero, porque lo adquirió por cerca de 1.400 millones de euros, con una prima de más del 30 % sobre el precio al que cotizaba entonces el banco gallego en bolsa. Y segundo, porque le llovió sobre mojado: aquella operación acrecentó sus problemas con el ladrillo.

Y eso sin contar que lo compró a pulmón. Sin ayudas públicas de ningún tipo, como le gustaba presumir a Ron. «Popular es un gran banco y no precisa ayudas», repetía siempre que tenía ocasión.

No le faltaba razón. La entidad nunca recibió un euro del Estado. Pero, eso sí, para evitarlo tuvo que apelar al bolsillo de sus accionistas. Y no una vez, sino varias. Hasta en tres ocasiones ha tenido el banco que ampliar capital en los últimos cinco años. Por casi 5.500 millones de euros en total. Dos de ellas han sido operaciones de gran enjundia, de 2.500 millones cada una. La última este mismo año. La otra, mucho más modesta en tamaño pero bien significativa: sirvió para dar entrada a los mexicanos Del Valle, los mismos que ahora han capitaneado la rebelión contra Ron.

No ha sido fácil desalojar al gallego de la presidencia. La gran baza a la que se han agarrado sus críticos para conseguirlo: el desplome de la cotización. Más de un 90 % desde los máximos históricos que alcanzó en la primavera del 2007. Incontestable.

Aplauso inversor

El mercado aguarda ahora ese golpe de timón que le devuelva la confianza. Por lo pronto, ayer festejó la salida de Ron. Por todo lo alto. Tanto que la cotización recuperó casi un 14 % de golpe y porrazo.

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