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El Popular sacrifica a Ron para pacificar el banco e intentar seguir en solitario

La segunda mayor entidad en Galicia elige a Emilio Saracho, que será presidente a inicios del 2017


redacción / la voz 02/12/2016 05:00

Tras muchas semanas de luchas internas y juegos de equilibrios, el Banco Popular anunció ayer, minutos antes de que abriera la bolsa, el relevo en su presidencia. Ángel Ron, gallego de Santiago que llevaba un decenio como primer ejecutivo, se quedó la madrugada del jueves sin el último apoyo que le quedaba, el de los veteranos de la Sindicatura de Accionistas, los que controlan aproximadamente el 10 % del capital. Estos se habían opuesto a un cambio en la cúpula que estaban demandando los consejeros críticos, pero también el propio mercado, ansioso por recibir alguna señal de mudanza en la gobernanza del Popular.

A Ron lo sustituirá -así lo decidió el consejo por unanimidad- Emilio Saracho, un hombre con un perfil muy diferente al del gallego, especializado en banca de inversión y con un extraordinario conocimiento de los mercados internacionales; teniendo en cuenta que casi la mitad del capital del banco está en manos extranjeras, no extraña la elección por la que se ha optado. Saracho es uno de los vicepresidentes del gigante JP Morgan y consejero también en Inditex.

Es la primera vez en la historia del Popular en la que sus máximos directivos, presidente y consejero delegado, son foráneos. Una señal del nuevo rumbo que quiere tomar el banco con una hoja de ruta, por ahora, invariable: seguir en solitario. «Para eso pelean cada día 12.000 empleados», apuntaba ayer un veterano alto cargo de la entidad. Otra cosa es lo que suceda luego.

Es muy relevante para Galicia lo que pase en el Popular porque es el segundo mayor operador bancario tras la compra del Banco Pastor. Tiene casi 1.400 empleados (descontados ya los 400 del ERE en marcha) y unas 220 sucursales (una vez que cierren las 40 previstas). Su presencia en pymes y empresas es muy fuerte. Y es su gran atractivo.

 

Sin problema de solvencia

La guerra interna por el poder ha minado la acción del banco en las últimas semanas, y también su credibilidad en el exterior. Pero no es el suyo un problema de solvencia, como ayer recordaba el propio Luis de Guindos; y acaba de superar sin apuros el último requerimiento de capital del BCE.

La transición de Ron a Saracho será pausada. El primero seguirá al frente hasta que se celebre una junta, en el primer trimestre del 2017. El futuro presidente tendrá que ser ratificado por los accionistas, los grandes castigados por la situación del banco.

Lo que suceda a partir de entonces es una incógnita. El banco es carne de opa teniendo en cuenta su bajísimo precio; apenas vale 3.600 millones. En esa situación, el Santander o el BBVA serían candidatos perfectos para comprarlo. Pero todo son especulaciones hasta conocer los planes del futuro presidente. Lo que se da por seguro es que a su lado seguirá Pedro Larena, porque la continuidad del consejero delegado no está en cuestión.

La novedad será la creación de una vicepresidencia primera que acompañará a las dos actuales, y cuyo elegido (o elegida) es una incógnita. Como vicepresidente tercero estará el gallego José María Arias, uno de los que, desde dentro, con tiento, ha promovido la salida de Ron, intentando así que el banco recupere fuelle y valor. Junto a él lo hicieron los mexicanos Del Valle (que controlan el 4,25 % del capital) y la consejera Reyes Calderón, economista, escritora, madre de nueve hijos y quien movió el fichaje de Saracho. Este le confió que hasta que no contara con todo el plácet del consejo no daría el sí. Y es lo que al final ha sucedido.

Un finiquito de más de ocho millones

Ángel Ron recibirá más de ocho millones de euros al abandonar la entidad, un finiquito compuesto de las retribuciones pendientes que le correspondan y la hucha que la entidad tiene acumulada para su jubilación. Según el último informe de Gobierno Corporativo publicado por el banco, el correspondiente al 2015, Ron percibirá al menos 8,18 millones depositados en su plan de ahorro a largo plazo, que fue alimentado con 214.000 euros en el 2015 y con 1,03 millones el año anterior.

En el 2015, el directivo ganó casi 1,5 millones de euros, un 19,3 % menos que un año antes, cuando percibió 1,8, debido a que entonces no tuvo retribución variable y en el 2014 sí la recibió. En julio, el consejero delegado relevado se fue con otros seis millones.

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