Cientos de miles de empleados del sector público británico secundaron ayer la huelga convocada por los sindicatos para protestar contra la reformar el sistema de pensiones que planea el Gobierno de coalición formado por conservadores y liberaldemócratas.
Hasta 750.000 funcionarios estaban llamados a participar en el mayor paro sufrido por el país desde el 2006 y el primero que afronta el primer ministro, David Cameron, desde que asumió las riendas del país en mayo del 2010. La mitad de ellos la secundaron. Un tercio de los colegios e institutos, unos 11.000 centros, permanecieron cerrados y otro tercio solo funcionaron parcialmente, lo que afectó en total a unos dos millones de alumnos.
Si se adopta la reforma, que se enmarca en el drástico plan de austeridad del Gobierno para paliar el déficit público, las pensiones de los funcionarios ya no se calcularán a partir del último salario, sino del promedio de ingresos de todos los años trabajados, se aumentarán las contribuciones y se retrasará la edad de jubilación a 66 años en el 2020, frente a los 60 que rigen en la actualidad.
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