Los aspirantes pagarán 50.000 euros por un curso, antes a cargo de Aena, que les garantiza un salario de 115.000 euros al año.
Tras revolucionar el régimen y condiciones de trabajo de los controladores aéreos, el Ministerio de Fomento quiere también imprimir un nuevo ritmo a la formación de los vigilantes del aire, un proceso hasta ahora regido por un método sui generis que, en la práctica, consistía en que Aena seleccionaba y pagaba los 300.000 euros por candidato que costaba cada curso.
Semejante cantidad derivaba en parte de la necesidad de pagar al profesorado, formado por cincuenta controladores con sueldo de controlador de los antiguos.
Eso de correr con los gastos se ha acabado. Desde ahora, quien quiera convertirse en controlador deberá pagarse su formación. Una enseñanza que, en su nivel básico, costará unos 50.000 euros. Mucho dinero, pero que abrirá la puerta a un empleo prácticamente garantizado que, de media y al principio, podría reportar unos ingresos brutos anuales de 115.000 euros, según fuentes oficiales de Aena.
Todo un chollo siempre que se pueda pagar. Para quienes no dispongan de esa cantidad siempre quedará la alternativa de financiarla. Servicios y Estudios para la Navegación Aérea y la Seguridad Aeronáutica (Senasa), una sociedad instrumental del Fomento que será la encargada de ofrecer los cursos, ya está negociando con la banca y el Instituto de Crédito Oficial (ICO) la apertura de una línea de préstamos a 8 años con varios de carencia y a un interés bajo. Incluso, aunque aún no está decidido, puede que Senasa otorgue en el futuro alguna beca.
Parece fácil. Pero no lo es. Y es que «solo un 20% de la población tiene aptitudes suficientes para poder ser controlador».
Así lo asegura Eugenia Llorens, presidenta de Senasa, quien revela los secretos del cambio de criterio a la hora de preparar a los controladores.
Lo de antes era, según ha señalado en varias ocasiones el presidente de Aena, Juan Lema, «formar a todos para neurocirujanos para que muchos trabajen de médico de familia». Los antiguos cursos, de 78 semanas, daban una formación demasiado amplia.
Ahora, el programa básico (que distinguirá la especialización de torre, ruta o aproximación) será de 22 semanas y, a partir de ahí, se podrán ampliar los conocimientos con cursos suplementarios.
Superado ese primer estadio, el alumno -al que no se le requerirá más estudios que el bachillerato y un muy buen nivel de inglés- se convertirá en un «alumno controlador», que deberá después terminar de prepararse en la 'unidad'; que no es otra cosa que la dependencia para la que Aena le elija. Esa segunda formación, incluso en el programa más difícil, no irá más allá de dos o tres meses.
Estrés
Para acceder a los cursos de Senasa será preciso superar antes un examen psicológico y de inglés (ya que la formación será en este idioma) denominado FEAST, diseñado en el ámbito europeo. El coste de este trámite será de unos 100 euros.
Los examinadores evaluarán la estabilidad emocional y la capacidad de mantener los nervios en situaciones de estrés alto. A eso se suma la imperiosa necesidad de contar con una excepcional visión espacial. No en vano, el trabajo de los controladores consiste, en esencia, en separar aviones.
Llorens asegura trabajo para el 90% de los alumnos ya que, apunta, quien contrata es Aena, y «por ahora, todos los proveedores de servicios están unidos a una escuela». En este caso, Aena y Senasa.
La primera convocatoria se publicará en la web www.senasa.es en unos 15 días. La selección se hará en julio y el curso comenzará en otoño. La previsión de Llorens es formar a 300 personas hasta el 2013. Esa cantidad de controladores en cuatro años se corresponde con las necesidades de profesionales que maneja Aena. De nuevo, el objetivo es no desaprovechar recursos y aquilatar al máximo los gastos. Los profesores también serán menos. Unos 10 o 12 controladores por curso de los que «tres o cuatro estarán en plantilla», asegura la directiva.
Llorens explica que el cambio tan radical en la formación responde también a una corriente de homogeneización en Europa, derivada de la futura aprobación del cielo único y de la necesidad de, con procedimientos más estandarizados, otorgar un servicio más fluido y seguro en todo el continente. Además, la legislación española ha cambiado, siguiendo a la comunitaria, y ahora se reconoce el título de controlador entre países miembros, lo que exige también una formación similar.
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