La salida de Quintás destapa injerencias políticas y divisiones sobre el futuro del sector
La transición tranquila que quería Juan Ramón Quintás para la presidencia de las cajas se antoja ya imposible. En un delicado momento, con varias fusiones en marcha, las ayudas públicas a punto de caducar y los balances en caída libre, el coruñés trataba de cerrar esta semana su relevo al frente de la Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA) con un candidato definido al que dejar el puesto en mayo. Ese hombre era Amado Franco, de Ibercaja. Sin embargo, algo pasó para que el coruñés decidiera dimitir. Pasó que llegaron «varias llamadas» del Ministerio de Economía proponiendo otra persona, Isidro Fainé, de La Caixa. «Quintás siempre proclamó la independencia de las cajas, y, en coherencia, cuando detectó injerencias optó por irse», explican fuentes del sector que vivieron de cerca la situación.
Después de su marcha, entre la noche del miércoles y la mañana del jueves, Quintás trasladó a su círculo de confianza su disgusto por la forma en la que salió de la CECA después de 16 años, ocho como director general y otros tantos como presidente. «Pero él era de los que no quería que el Gobierno se metiera en la marcha interna de las entidades, y por eso no pasó», agregan las mismas voces.
Analistas del sector financiero interpretaban ayer en la misma línea la salida de Quintás, consecuencia de esas «injerencias» del Gobierno, pero también del Banco de España, preocupados por desactivar las críticas que el ya ex presidente repetía en torno al proceso de reestructuración del sector financiero.
Y en medio del ruido, destaca un hombre: Rodrigo Rato. El presidente de Caja Madrid ya está dando señales de que su llegada al sector no es circunstancial y en sus primeras reuniones en la CECA ya intervino con fuerza para hablar del modelo de futuro, algo que llamó la atención a varios presentes porque, en la práctica, es un novato en los consejos.
«Quiere mandar»
«Pero Rato no es un cualquiera, fue un muy valorado ministro de Economía y tuteó a figuras mundiales al frente del FMI, quiere mandar», dice una fuente bancaria. Por lo pronto, el ex ministro ya ha mostrado su apoyo a Isidro Fainé para presidir la CECA. Es decir, la candidatura que quiere el Ejecutivo central.
El Gobierno, a través de la vicepresidenta Elena Salgado buscaba, según varias fuentes financieras, un cambio «urgente» en la CECA para colocar a un hombre fuerte al frente. Esto es, el responsable de una de las dos grandes cajas (La Caixa o Caja Madrid). Y de ahí salió la candidatura oficiosa de Isidro Fainé. El 20 de abril -hay elecciones- se verá si se consolida. Por lo pronto, el catalán ha ido ganando adeptos al representar a una entidad muy bien valorada y al contar con el apoyo de la Moncloa.
Sin embargo, en el fondo, dicen otras fuentes financieras, el debate no se trata solo de que el que presida provenga de una caja grande (La Caixa) o mediana (Ibercaja), «sino de un modelo de cajas como el actual o de entidades como bancos». Quintás es un firme defensor del modelo actual y celoso de los actuales sistemas institucionales de protección (SIP o fusión fría) para reestructurar el sector. Esta fórmula de alianza supone crear una ficha bancaria, es decir, desnaturalizar el modelo actual.
Desde hacía meses, Quintás insistía a Gobierno y Banco de España en la necesidad de regular los SIP para permitir que, en lugar de un banco, se creen cajas de cajas. Pero no hubo respuesta porque, de hecho, esa vía supondría cambios en el plan de reestructuración, que ya va con los plazos muy ajustados. Fainé, en cambio, podría no poner pegas a una bancarización.
«La división en el sector es fuerte», dice una cuarta fuente que no descarta que las diferencias lleven a una ruptura en la patronal de cajas.
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