Tras ocho años de trabajo continuado en la planta eólica de LM Composites en As Pontes, Daniel Pena acaba de comprobar la dureza de ser despedido. Junto a él, el centenar de compañeros con los que ha compartido vida laboral en esta última etapa. Aunque todos los operarios sabían que las cosas no iban bien, entre otros porque toda la plantilla había estado afectada en el 2009 por un ERE que se materializó en turnos de seis meses cada uno, Daniel no se esperaba un tan rápido desenlace que supusiese el fin de su trabajo en LM. «En mi caso, sobre las diez de la mañana me dijeron que era mi último día, que ya no iba a volver más», recuerda. Fue a finales del pasado año, aunque tuvo que volver a principios de este para recoger su documentación y firmar el fin de su vinculación laboral con la factoría eólica. En su misma situación se encontraron muchos de sus compañeros, que también pasaron por la factoría para cumplir idéntico trámite.
«Fue duro ir despidiéndote de los colegas, saber que ya no ibas a trabajar más con ellos», afirma. Y cada uno para sus casas, algunos en mejor situación, por cuanto aún cuentan con varios meses de paro por delante -como Daniel, que percibirá la prestación un año más- y otros, los más perjudicados, sin ayudas, ya que al haber estado regulados consumieron este derecho.
Desmantelamiento
Por ello, Daniel Pena cuestiona que en estos momentos aún permanezcan en la factoría una veintena de trabajadores, que se están ocupando de desmontar la planta y de dar salida a las palas para aerogeneradores que aún se encontraban almacenadas en las explanadas de la empresa. «Creo que aún continuarán ahí hasta mayo o junio. Lo que no me parece bien es que no se ha respetado la antigüedad y tampoco han decidido que se quedaran trabajando la gente que no tiene paro», lamenta. Este joven pontés es una de las víctimas del sector eólico en Galicia, cuya paralización ha dejado un rastro de desempleados en toda la comunidad y especialmente en Ferrolterra, donde varias fábricas han cerrado y otras están aplicando ERE. Padre de dos niñas, Daniel ve el futuro con incertidumbre. «Cada vez somos más los parados y, aunque aún me queda un año de paro, pasa volando y después, a ver qué pasa», afirma.
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