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EMPLEO La crisis dispara el ardor guerrero

Por primera vez desde su profesionalización, las Fuerzas Armadas superan el tope de soldados fijado por ley.

En el 2009 más de 127.000 personas solicitaron información para ingresar, un 66% más que en 2007.

Autor:
César Calvar | Colpisa
Fecha de publicación:
Hora:
Actualizada a las 18:43 h

Cuando el paro hace estragos entre los jóvenes -según la última EPA afecta al 39,07% de los menores de 25 años-, las Fuerzas Armadas ofrecen todo cuanto buscan las personas que intentan abrirse camino en la vida: sueldo fijo, incorporación inmediata, viajes a países exóticos y posibilidades de promoción en una empresa que nunca quiebra. Ese puede ser el motivo por el que los ejércitos no paran de recibir aspirantes a soldado. Tantos que, por primera vez desde la abolición de la mili en el 2001, el Ministerio de Defensa ha superado el tope legal de efectivos de tropa y marinería, 86.000. Un empleo de soldado parece hoy un chollo, aunque tenga una pega: te pueden matar.

Pese a que el peligro de sufrir una desgracia es cada vez mayor, sobre todo en teatros de operaciones como Afganistán o Líbano, los datos de reclutamiento hablan por sí solos. El ardor guerrero de los españoles no ha parado de crecer desde que estalló la crisis, al tiempo que en el sector privado las empresas despedían a sus trabajadores.

El 1 de enero del 2008, nueve meses antes de que la quiebra de Lehman Brothers despertara a los españoles de sus sueños de riqueza y pleno empleo, los ejércitos de Tierra, Aire y la Armada contaban con 79.118 soldados y marineros, según cifras de Defensa. A principios del 2009, con el país ya en recesión, su número había crecido hasta 81.607. Desde entonces el incremento ha sido aún más espectacular: el pasado 1 de febrero el personal de tropa ascendía a 86.112, por encima del objetivo de fuerza (número de soldados precisos para garantizar la defensa) que fijó el Congreso de los Diputados. Y otras fuentes aseguran que puede haber entre 1.500 y 1.800 más en los centros de formación.

Pero eso no es todo. El número de efectivos disponibles sólo indica el grado de cobertura de puestos y explica en qué medida los cuarteles, buques y unidades están llenos o vacíos. Resulta más ilustrativo analizar la evolución de la demanda de plazas. En el 2007 los veintidós centros de selección españoles dieron 43.000 citas a chicos y chicas interesados en ingresar. En el 2008, según las cuentas de estos departamentos, las solicitudes fueron 78.000, y en el 2009, atención, 127.000 (un 66% más que dos años antes).

En otras palabras, y según resume un militar experto en estas cuestiones, Defensa ha pasado de tener cinco plazas por aspirante en tiempos de bonanza económica a cinco aspirantes por plaza en época de crisis. La tradicional escasez de personal la sufrió sobre todo la Armada: «Hace poco los buques tenían que quedarse amarrados por falta de tripulantes, ahora sobra gente por todas partes», confirma este especialista.

«Mercenarios»

¿A qué obedece tal aumento en tan poco tiempo? ¿Explica el amor a la patria semejante repunte de vocaciones? La respuesta de Defensa es que «el aumento de la demanda de plazas es anterior a la crisis». Un portavoz de este departamento lo atribuye a que las Fuerzas Armadas ofrecen la posibilidad de realizar «una carrera atractiva» por las reformas introducidas en el 2005, que implicaron subidas salariales, mejoras en la formación y mayor estabilidad para los soldados por la posibilidad de firmar compromisos a más largo plazo.

Ese discurso oficial choca con el análisis de algunos expertos castrenses en activo, que por razones obvias piden el anonimato.

Para ellos, «la mayoría de los recién llegados son mercenarios» que ven en los ejércitos un «refugio laboral» que les asegura una paga de unos 1.200 euros mensuales (o casi 3.000 si van a Afganistán) en un momento en el que «ahí fuera hace mucho frío» por la recesión, que hace muy difícil encontrar empleo.

La Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) respalda esa tesis. Su secretario general, Mariano Casado, afirma que el «repunte tan rápido» del interés por ingresar «está directamente relacionado con la crisis». «Hay mucha más demanda de plazas que oferta, porque la gente se ha refugiado en las Fuerzas Armadas».

AUME celebra ese mayor interés, pero avisa de que, si Defensa no toma medidas, cuando vuelva el crecimiento económico podría producirse una desbandada que derivaría en «un riesgo para la operatividad» de muchas unidades.

 

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