La flota artesanal es la que mayor porcentaje de ahorro puede conseguir con medidas fácilmente amortizables
La limpieza del casco, el cambio de la cocina o trabajar a la «bakarella» son otras fórmulas para economizar gasoil
Aunque lo que más preocupa ahora a la flota es el bajo precio del pescado, nadie pierde de vista el gasoil, que desde hace un tiempo mantiene una senda alcista que bien podría desembocar en un escenario similar al que en el 2008 llevó al amarre de todos los barcos. Aquella crisis, en la que el 14 de julio el litro de combustible rozó los 74 céntimos de euros -ayer estaba a 40-, marcó un punto de inflexión que obligó a la búsqueda de medidas de ahorro energético para evitar facturas que, en caso de un arrastrero de Gran Sol, por ejemplo, supera los 400.000 euros anuales.
Y fórmulas hay. Algunas tan sencillas como cambiar la cocina eléctrica del barco o mejorar el mantenimiento del motor. La búsqueda de esas medidas de ahorro han sido materia de estudio para el Centro Tecnolóxico da Pesca (Cetpec), de Celeiro, y el Instituto Enerxético de Galicia (Inega), que han dado con recetas que pueden conseguir reducir la factura anual del combustible entre un 5 y un 48%, según la tipología del barco. Esto es, un ahorro de hasta 72.000 litros al año o 30.000 euros por buque.
Los barcos de pesca artesanal son los que más pueden reducir sus costes -es en este segmento en el que se han conseguido ahorros del 48%- y con dos fórmulas muy sencillas y fácilmente amortizables: cambiar la hélice y adaptar el motor del barco para usar gas licuado de petróleo (GLP). Ocurre que la hélice del barco «ten que ser coma un traxe a medida», señala Manuel Bermúdez, responsable técnico del proyecto del Cetpec, y se da la circunstancia de que en muchos casos esta viene de serie en los motores fueraborda. A partir del estudio de cómo trabaja el barco, la velocidad que precisa, su necesidad de potencia y otras condiciones puede realizarse un rediseño de la hélice que puede llevar a conseguir importantes ahorros. Y esto es extrapolable a los barcos de altura, para los que también hay otras fórmulas que van desde la mejora de la logística hasta la limpieza del casco, pasando por el cambio de la cocina convencional por otra de inducción o cambiar el cable de arrastre de acero por otro de materia orgánica.
«Bakarellas»
En lo que se refiere a los cambios logísticos, el estudio habla de generalizar las denominadas bakarellas , parejas de arrastreros que en cuanto acaban la marea y deben regresar a puerto, en lugar de hacerlo los dos, uno permanezca en el caladero trabajando como baka o con otra embarcación que no es su pareja habitual. Esta práctica, implantada entre los arrastreros de Ribeira, no se realiza, por ejemplo, en los puertos del norte.
Disminuir la marcha, instalar sensores de velocidad de la red para adaptarla en función de la corriente, la mejora de la distribución del peso en el buque y la eliminación de cargas innecesarias son otras de las propuestas que serán expuestas a patrones, armadores, cocineros, maquinistas, contramaestres... En definitiva, a todos los implicados en la gestión de la energía a bordo del barco.
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