La imposibilidad de pagar sus deudas arrastró a la quiebra a 938 personas sin actividad empresarial alguna.
El pasado año 5.922 deudores, entre empresas y familias, fueron declarados en concurso de acreedores, lo que antiguamente se denominaba quiebra. La imposibilidad de pagar sus deudas arrastró a esta situación a 938 personas sin actividad empresarial alguna, lo que supone un repunte interanual del 132%, y a 4.984 compañías de todos los tamaños, con un crecimiento del 72%, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
La inmensa mayoría de los concursos (5.614) fueron a instancia del deudor. Esto es, voluntarios. Mientras que otros 308 fueron declarados por los jueves como 'necesarios', tras petición de algún acreedor. Los primeros aumentaron un 81% respecto a 2008; los segundos, un 48%. Los mensajes de los asesores, que recomiendan acudir al concurso cuando antes, una vez que se clara la imposibilidad de pagar, parecen haber calado.
Aunque llama la atención la velocidad a la que crece el número de personas físicas sin actividad que se declaran en concurso de acreedores, los expertos advierten que estos casos nada tienen que ver con familias que soporten, por ejemplo, una hipoteca a la que no puedan hacer frente. Por lo general, las quiebras de individuos y no empresas están relacionadas con actividades empresariales de terceros, a los que les unen ligazones como el hecho de ser sus avalistas. Además, la Ley Concursal no admite procesos en los que exista una única deuda.
Los datos del INE revelan que la mayoría de las empresas concursadas en el 2009 se concentraban en un tramo de actividad muy bajo: el 62,3% del total quebrado tenía un volumen de negocio (ventas) inferior a los dos millones de euros. El 74,9% de las compañías quebradas se concentró en la construcción, la promoción inmobiliaria, la industria y el comercio. Del total de firmas concursadas, sólo un 0,8% o tenía trabajadores; un 38% contaba con entre 10 y 49 asalariados y un 3,7% tenía más de 100 personas contratadas.
El Registro de Economistas Forenses (Refor) del Consejo General de Economistas destacó como novedad que el drama de los concursos de acreedores se extiende poco a poco más allá del sector del ladrillo, que en los últimos años había protagonizado la inmensa mayoría de los procesos. En 2009, las insolvencias judiciales afectaron a negocios tan dispares como residencias de ancianos, salas de cine o empresas taurinas.
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