Fernández de Sousa invita a la conselleira del Mar a analizar las futuras inversiones del grupo vigués en Galicia
La empresa no retirará, por ahora, su demanda, pese a la intención del PP de autorizar la planta que vetó el bipartito
Pescanova no ha descartado su proyecto de cabo Touriñán, pero, al menos por ahora, tampoco le ha perdonado al bipartito de Pérez Touriño el rechazo a la planta de acuicultura que la multinacional viguesa pretendía instalar en la Costa da Morte, la mayor del mundo para la producción de rodaballo y que, finalmente, acabó construyendo en el municipio luso de Mira.
La compañía no ha retirado la demanda interpuesta hace casi un año, en la que reclama una indemnización de 40 millones de euros. Ni lo ha hecho ni, por ahora, lo hará. La llegada del PP a la Xunta y la promesa del presidente, Alberto Núñez Feijoo, de retomar este proyecto para autorizarlo no provocará que Pescanova abandone la vía judicial. La demanda está admitida a trámite y pendiente de una decisión del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia. Ayer, la empresa confirmó que seguirá defendiendo esta reclamación en los tribunales. Exige la devolución de la inversión efectuada en los terrenos y el coste de los trámites ante las Administraciones gallega, española y europea.
En las próximas semanas, si las agendas oficiales lo permiten, la conselleira de Mar, Rosa Quintana, visitará la sede de la compañía alimentaria. Será en esa reunión cuando el Gobierno autonómico y la empresa hablen del futuro de las inversiones de Pescanova en Galicia. Solo entonces, el presidente del grupo, Manuel Fernández de Sousa, podría adquirir un compromiso con la Administración autonómica para desistir de la petición de indemnización interpuesta en el juzgado si, finalmente, el proyecto de cabo Touriñán sigue su curso.
Pescanova se planteó hace cuatro años levantar en cabo Touriñán la mayor planta de cultivo de rodaballo del mundo, con capacidad para producir hasta 7.000 toneladas anuales. La inversión superaba los 120 millones de euros y la previsión inicial era crear al menos 200 empleos. No pudo ser. El bipartito compuesto por PSOE y BNG le puso la proa al proyecto por estar emplazado en la Red Natura gallega. Pescanova contaba con un informe de impacto ambiental positivo de la Unión Europea, pero la Xunta vetó el proyecto apelando a criterios medioambientales. Muchos vieron entonces en la decisión un castigo político al apoyo público que el grupo alimentario le prestó al PP al elogiar el buen entendimiento que la empresa tuvo siempre con la Administración de Manuel Fraga.
Pescanova no renunció a su proyecto para convertirse en el primer productor mundial de rodaballo. Lo amplió, pero en Portugal. El pasado domingo inauguró en la localidad de Mira (entre Coímbra y Aveiro) un complejo de acuicultura que será capaz de producir en el año 2011 hasta 12.000 toneladas anuales de esta especie de pez plano. La inversión supera los 140 millones, sobre una superficie de 82 hectáreas, con más de 100 hectáreas libres para seguir creciendo. La macroplanta está en terrenos de la Red Natura lusa, pero el Gobierno de Lisboa declaró el proyecto «de interés nacional» y lo agilizó hasta hacerlo posible en solo dos años.
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