La mina sería rentable con las actuales cotizaciones del metal, pero no hay garantías de que se mantengan
El oro de Corcoesto, en Cabana de Bergantiños, va a seguir bajo tierra, al menos por el momento. La empresa canadiense Kinbauri Gold Corporation, propietaria de unas 778 hectáreas en lo que fue una mina romana hace dos milenios, no tiene planes de explotación a corto plazo y sigue a la espera de que la Xunta autorice el traspaso de la propiedad que perteneció a Río Narcea Gold Mines hasta marzo del 2005.
El factor fundamental que desincentiva la puesta en valor del yacimiento es el escaso margen de rentabilidad que podría ofrecer. Aunque la compañía canadiense anunció en el 2006 que se extraerían unas 30.000 onzas anuales, esos objetivos parecen, cuando menos, difíciles de alcanzar. Sobre todo porque los estudios realizados hasta el momento arrojan unos índices de recuperación de metal bajos, respecto a la cantidad de tierra que es preciso remover.
Además, los directivos de Kinbauri, que estuvieron el jueves en Madrid para participar en el Gold & Silver Meeting, han anunciado su intención de concentrar los esfuerzos en sus explotaciones asturianas, que se están viendo amenazadas por la crisis crediticia internacional.
Hoy sería rentable
A día de hoy, la mina de Corcoesto sería rentable con los niveles de oro previstos o incluso con valores inferiores a los detectados en el estudio previo. La razón fundamental es el precio del metal de referencia, que en estos momentos está por las nubes en los mercados internacionales. Ayer, sin ir más lejos, llegó a marcar un máximo de 925 dólares por onza. El problema radica en la imposibilidad de determinar cuánto tiempo va a durar esta situación. Los expertos reunidos el jueves en Madrid pintaron panoramas de lo más diverso y, ante esta incertidumbre, las empresas no se arriesgan a invertir. Sobre todo porque poner a funcionar una mina como la de Corcoesto llevaría como mínimo un año de estudios y trámites, en los que no se obtendría ni una sola onza.
Ahora, tal como piensan los directivos de Kinbauri, solo cabe esperar. En el hipotético caso de que la crisis económica siga acentuándose y los inversores acudan en masa a refugiarse en el valor oro o bien si las finanzas internacionales retoman el modelo vigente hasta los años 70, que obligaba a acreditar con posesiones materiales el valor de los títulos de crédito, entonces Corcoesto se convertirá en una verdadera mina de oro. Si por el contrario, como parece más probable, los mercados se recuperan y el dinero vuelve a fluir, continuará siendo el páramo que en su día abandonaron los romanos. Por lo tanto, se da la paradoja de que, cuanto peor le vaya a la economía, más posibilidades tiene Corcoesto de convertirse en realidad.
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