Las autonomías españolas que más han crecido en los últimos años y que mejor posicionadas están en el ránking de convergencia con Europa son las que más emigrantes extranjeros han recibido y viceversa: las que más lentamente lo han hecho son justo aquellas que menos población foránea acogen.
El informe de Funcas refleja una evidente relación entre desarrollo económico e inmigración: en el año 2000 España tenía 40,8 millones de habitantes, que pasaron a ser 45,9 millones en el 2008. «Un aumento de casi 5,2 millones, prácticamente en su totalidad a causa de la inmigración que figura en los padrones municipales», reza el estudio de las cajas, que advierte de que ese fenómeno puede tener «una gran trascendencia en el futuro de España». «Es evidente que la expansión de la economía española en los siete últimos años fue capaz de absorber la inmigración y generar empleos para la población activa autóctona, una situación que está cambiando de forma drástica y que, según parece, va a seguir empeorando considerablemente en el futuro inmediato».
En comunidades como Valencia y Murcia, y gracias a la llegada de trabajadores extranjeros, la población se ha elevado más de un 20% desde el año 2000; en Madrid, un 18%; en La Rioja, un 17%, y en Cataluña, un 16%.
En Galicia, el crecimiento demográfico no supera el 1,2%, en Extremadura no llega al 2% y en el País Vasco no supera el 3%. En Asturias, con un aumento medio del PIB del 2,42% anual, el más bajo de España, la población cayó un 0,8% desde el año 2000.
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