«Los pescadores no somos el problema; en el Miño siempre ha habido pescadores y pescado». Realmente, los profesionales del río, como Samuel Martínez, llevan años denunciado la peligrosa situación del cauce y la inactividad de las Administraciones, mientras proponen unas medidas y asumen otras que les han impuesto, «porque protegerlo y cuidarlo es una labor de todos».
Martínez se hace eco de una de las principales demandas del sector: el dragado de la barra. En la actualidad, explica, «el río está muy mal, casi impracticable, porque hay muchos lodos en el fondo; la calidad del agua es buena, pero le falta oxígeno, circulación de las mareas». Al parecer, ya se han realizado varios estudios para acometer un dragado controlado, «el último a cargo de la Universidad de Lisboa, y todos son favorables», a la medida, pero todos duermen el sueño de los justos, «suponemos que por motivos económicos». La urgencia ahora viene derivada de la necesidad que los pescadores denuncian desde hace más de un lustro: «El calado en la desembocadura con marea baja es de entre 2 y 3 metros, mientras que río arriba llega a los 7; es una charca», afirma.
La única solución es el dragado, porque, «al no haber una buena circulación, estamos ahogando el río, le falta oxígeno y, si no se draga la barra, acabará convertido en un lago», sostiene Samuel Martínez.
Amenazas
El Miño soporta además otras «amenazas», según los pescadores, que ya han acatado una reducción de dos meses en la campaña de la angula y del tamaño de las redes. Entre ellas están las presas, «como la de Frieira, porque retienen mucha agua; llevamos dos años ya sin que haya una llena importante y es vital para su limpieza, porque ahora tenemos más horas de agua entrante que saliente, y así el río no se regenera». Aún hay una tercera asignatura pendiente para con el padre de los ríos gallegos: «Los vertidos, que se siguen produciendo», denuncian.
Defensa del río
Los pescadores del Miño mantienen una política activa de defensa del río, mientras esperan la aplicación de un plan conjunto que involucre a las distintas Administraciones de los dos países que lo gestionan. Ellos fueron los primeros en reclamar y aplaudir la puesta en marcha del nuevo reglamento internacional del Miño que aprobó por fin este año el Consejo de Ministros luso, tras cinco años de negociaciones.
El documento, que regula todo lo relacionado con la actividad y usos del tramo internacional, establece también la necesidad de un dragado programado. El reglamento prevé que, si no se ha realizado en el 2011 -lo que permitiría la entrada de especies migratorias- se revisen las artes, alertando de la posible prohibición de utilizar la tela para capturar la cría de la anguila.
La fecha coincide con el tope que tienen los países de la UE para presentar sus respectivos programas de recuperación de la anguila. Una actuación que se enmarca en el plan aprobado por los 27 el año pasado para frenar el declive de la especie y que prevé la venta progresiva de parte de las capturas de menos de 20 centímetros a la UE, con un tope máximo del 60%, fijado para el 2013. Todos los ejemplares «recuperados» se utilizarán para la repoblación de los ríos que abarca el proyecto y, entre ellos, el del Miño.
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