Los descendientes del país del sol naciente tuvieron mucho que ver en el incremento de los precios de la especie, que hace tres años superó el valor del oro al cotizarse el kilo a más de 400 euros. Según los propios pescadores, los nipones llegaron primero, «hace unos veinte años, al mar de los Sargazos para esquilmar la anguila». Por entonces, la angula que llegaba desde allí al Miño tras cruzar el Atlántico, «abarrotaba las embarcaciones, se recogían hasta 30 kilos por noche, algunas 80». Ya entonces no era un producto apto para todos los bolsillos, «porque costaba unas 35 pesetas por kilo», una cantidad que se multiplicó por 2.000. Paradójicamente, los excedentes, «se echaban a las gallinas». Entonces no había una comercialización directa, pero «venían los vascos a buscarla porque allí costaba el triple».
El declive comenzó en la década siguiente, «en todos los ríos y también por la contaminación». Los japoneses comenzaron a pagar los precios más altos ya que querían los mejores ejemplares para sus empresas de acuicultura. Las angulas eliminaban las plagas de los arrozales mientras se hacían anguilas, muy lejos ya del Miño.
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