Los biocombustibles son una alternativa al petróleo admitida en todo el mundo. Sin embargo, a medida que avanza el proceso de industrialización se abren nuevas incógnitas sobre su rentabilidad y eficacia. Se definen como biocarburantes todos los combustibles líquidos o gaseosos derivados de la biomasa vegetal.
En Europa, el compromiso político para reducir el consumo de energía fósil ha llevado a la Unión Europea (UE) a aprobar medidas legales y fiscales para impulsar las energías renovables. Así, un 10% de los carburantes deberán ser ecológicos en el 2010, un objetivo que se duplicará hasta el 20% en el 2020.
España, donde el consumo de estos combustibles no llega aún al 5%, prevé producir 2,4 millones de toneladas de biocarburantes a finales de este año. En todo el país hay proyectos para instalar más de 60 plantas de distinta envergadura. Pero la competencia mundial ha encendido luces de alarma. Algunos de los grandes proyectos previstos en Galicia amenazan con no ejecutarse si el Gobierno español no iguala las ayudas que otros países brindan en origen a las exportaciones de este tipo de carburantes.? Además, están las dudas medioambientales. Por cada hectárea de maíz dedicada a la producción industrial de bioetanol, se producen 3.100 kilos de CO2 equivalente. La producción de etanol supone una exigencia de entre 30 y 37 litros de agua por cada litro de combustible. Y se ha calculado que el etanol que traga un coche durante todo un año equivale al consumo de grano de un individuo a lo largo de siete años de vida.
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