Igual que ocurrió con la Fervenza do Toxa, el proyecto de la alta velocidad ignoró preservar el enclave
El monasterio de Carboeiro, enterrado en un gran meandro del Deza en Silleda tenía dominio monacal mucho más allá de sus piedras y tiene valor de monumento nacional. Los monumentos son piedras, pero también mucho más, dicen los expertos. Tienen vida en su proyección visual e interacción con el entorno . Cuando se altera ésta se altera el propio valor patrimonial del monumento. Ocurre con Carbeiro y con el AVE. El monumento es también Martixe, es Fontao y es Carboeiro de Francia. Son dominios visuales y paisajísticos de Carboeiro.
Ahora en ese espacio centralizado por el monasterio se cruza una plataforma de 974 metros de largo apoyada en 18 pilares que oscilan entere los 53 y los casi 86 metros de altura. Es la conexión Galicia-Madrid, el subtramo de Carbeiro-Dornelas en el tramo Santiago-Ourense. Es el desarrollo económico global que no se para en menudencias como que la plataforma ferroviaria de la alta velocidad se incorpore al paisaje y se meta en la foto que que hace el visitante desde algunos puntos al monasterio y en la mirada de quien busca la grandeza completa del enclave.
El proyecto cumplió los requisitos de distancias, no hubo alegaciones de Silleda y está todo está en orden legal. El desorden que van criticando los visitantes según se percatan es de valores y de falta de autoestima al ignorar un monumento que habría que preservar por razones como ser referente del románico gallego tras la catedral de Santiago, por haber sido fundado en el año 936 o por coherencia con la declaración del Estado en junio de 1931 como Bien de Interés Cultural y Monumento Histórico Artístico. La ruta de entrada a Carboeiro pasa entre los pilares del AVE que salva la vaguada de Martixe, parroquia que da nombre al viaducto. Antes había sido apartada la línea de alta tensión de Redesa para poder dejar paso a la estructura ferroviaria. Los impactos directos del AVE a Carboeiro son más nítidos con la mirada puesta en la fachada posterior, en el espectacular ábside, que cuelga sobre el Deza. Ahora esa estampa, que se ofrece con más nitidez desde el otro lado del río en tierras de Fontao, muestra un monasterio con fondo marcado por la línea ferroviaria.
Con Carboeiro son dos los monumentos arquitectónicos y naturales de Silleda que cambian su historia estética para ser elemento a pie de AVE. La plataforma de Martixe-Carboeiro está llegando a su conclusión. La otra la que se metió en la foto de las cataratas del Toxa, ya está concluida. El anterior ministerio anuncio ayudas de mejora ambiental del ADIF para compensar impactos en la zona. Con Carboeiro y Toxa, no sirven pantallas vegetales. Sobra algo y no son los monumentos. Pero ya no hay remedio ni con el cambio de ministro.
Ahora quedará mirar de cerca ambos enclaves y aprovechar el largo Sendeiro do Deza que los une y por el que parecen preocuparse todas las instituciones aunque vengan renegando de de proteger los elementos que lo justifican.
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