Un trotamundos en China

Tras su paso por Tailandia y Rumanía, el preparador físico Jorge Álvarez ejerce en el Henan


vigo / la voz 30/11/2016 10:07

Jorge Álvarez es un trotamundos del fútbol. Nació en Gijón pero hace 17 años hizo las maletas para irse a estudiar a su adorada Pontevedra. Se casó con una mosense y tiene fijada su residencia en O Porriño. Pero es más allá de los Pirineos donde atesora las vivencias más extraordinarias que su profesión de preparador físico le ha aportado. Tailandia, Rumanía y ahora China jalonan su trayectoria profesional.

Fue el pasado marzo cuando a Jorge, que en su día formó parte del cuerpo técnico del Celta B, se le presentó una oferta irrechazable tanto deportiva como económicamente: ejercer como preparador físico del Henan Jianye de la primera división china. «Y para allí me fui», zanja entre risas. De pronto se encontró viviendo en la provincia más poblada de China, con cien millones de habitantes, y en una ciudad poco habituada a los occidentales que comparte con otros 10 millones de personas. «Es una experiencia muy chocante, tanto en lo deportivo como en lo cotidiano, es un impacto tremendo porque a pesar de que ya tenía una experiencia previa en Asia, China es diferente a todo», desvela Jorge.

En el Henan Jianye se ha encontrado un equipo profesional de la zona media en el que ha conectado con otra forma de entender su profesión. «Tengo la responsabilidad de la preparación física, pero aquí no está integrada en el resto del trabajo, lo separan del fútbol», explica. La personalidad de los chinos lo marca todo. Para empezar, su gusto por el trabajo hace que las pretemporadas rocen los tres meses y que los avances tengan que verse rápidamente. «El chino necesita que el cambio sea pequeño pero la transformación inmediata. Y a nivel de fútbol es mucho menos táctico, es más de atacar y defender».

Más allá de las diferencias entre el fútbol y la preparación europea y el pujante modelo chino, lo más impactante para Jorge es el día a día. «Ir a tomar un café o al supermercado es una odisea», admite. Para facilitar un poco su vida y su labor, desde que atraviesa las puertas del club tiene a su lado a un traductor y cuenta además con un chófer a su disposición. «Es un poco chocante. Allí no permiten el carné internacional y además conducir es muy complejo. Ir de mi casa a la ciudad deportiva me lleva hora y cuarto ir y hora y media venir, y a veces si te apetece ir a algún sitio a tomar un café, entre que tienes que avisar al chófer, llegar al sitio y plantarte en una cafetería en la que no van a saber lo que le pides, pues acabas tomándotelo en casa», narra entre risas. Productos como el pan, pedir sal y hasta el Cola Cao se han convertido en pequeños lujos que Jorge echa de menos en Zhengzou. Pero todo tiene su contrapartida.

«Antes de China estuve en Tailandia, en el Buriram, un lugar muy diferente en el que la gente es muy cálida y familiar, y también dos años en Rumanía. El primer año estuve en Timisoara, una ciudad cien por cien europea, con mucho expatriado y muy buena calidad de vida, y el segundo en Ploiesti, una ciudad rumana gitana muy dura de vivir». Experiencias muy dispares pero que enriquecen su vida. «Cuando hablas con la gente a menudo comentas las complejidades, la morriña o lo que echas de menos tomarte un café, pero la maleta la vas llenando de cosas muy buenas. Tengo dos hijos que están creciendo aprendiendo idiomas, conoces gente y culturas, y hemos visto sitios que de otra manera sería impensable».

Aunque admite que a veces, mientras prepara los entrenamientos, se para a pensar cómo sería dirigir una sesión en castellano, el presente de Jorge está lejos de España. «Tuve una oferta de Segunda pero preferí seguir yéndome al extranjero». Siempre habrá tiempo para regresar.

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