Tras proteger al embajador israelí, el luchador vigués Eder Villanueva mira a Londres
El deporte de alto nivel no siempre es compatible con un trabajo de riesgo. El vigués Eder Villanueva tuvo que interrumpir durante un par de años la práctica de la lucha olímpica para desarrollar su labor profesional como escolta del embajador de Israel en Madrid. Ahora, destinado como policía nacional en Vigo, trata de hacer realidad su sueño de participar en unos juegos olímpicos. Lo tiene difícil, pero con siete campeonatos de España a sus espaldas (en todas las categorías), espera poder colarse en alguno de los dos preolímpicos que le aguardan en el primer semestre del próximo año para estar en Londres.
Eder comenzó con la lucha a los siete años -«En el colegio del Castro, por casualidad y porque mi hermano hacía lucha», recuerda-. Enseguida destacó en la disciplina y durante siete años estuvo en el centro de alto rendimiento de Pontevedra. Allí tomó contacto con la competición a nivel internacional.
Pero la lucha no da para comer y decidió opositar a policía nacional. Las incompatibilidades no tardaron en aparecer. «No había forma, era mucho trabajo, no es como estar en un trabajo normal», recuerda.
Porque previa selección, su destino, como escolta, fue la embajada de Israel, un país que cuida como nadie la seguridad debido a su permanente conflicto con Palestina. «La seguridad es muy especial en la embajada de Israel, es una embajada conflictiva, hay mucha más seguridad, mucha más policía, guardia civil, aparte tienen su propio equipo de seguridad, es todo mucho más exhaustivo, más metódico, no dejan nada al azar, todo está calculado al milímetro, los horarios. Sin duda ha sido especial», recuerda. En dos años no tuvo un solo momento para la relajación: «En la profesión de escolta nunca estás tranquilo, en el día a día siempre estás tenso. Parece que nunca pasa nada, pero tienes que estar pendiente de la mínima cosa que veas raras, una persona, un coche mal aparcado, o si vas a algún evento siempre tienes que estar controlado. Aunque parezca que la situación política esté más tranquila, el escolta cuando está trabajando nunca va a estar relajado ni a pensar eso». No obstante, cuando pasó de proteger al embajador israelí en Madrid a la embajada de Francia, reconoce que todo fue un mucho más tranquilo.
Pero a Eder le faltaba su deporte, por eso insistió hasta conseguir su entrada en la unidad deportiva de la Policía Nacional para regresar a Vigo y poder retomar la competición con vistas a los Juegos Olímpicos.
En su retorno se ha encontrado con el pequeño hándicap al tener que subir de peso (hasta la categoría de 95 kilos). «Es complicado, porque tienes que subirlos muscularmente y mantener la misma coordinación. Me falta ritmo», reconoce.
Pero a nueve meses vista no tira la toalla. Ganó un torneo en Belfast, participó en diversas citas con la ayuda económica del Club Castro, su equipo de toda la vida, y aunque no le fueron bien las cosas en el Mundial ve los preolímpicos de Bulgaria y China del próximo año como una gran oportunidad. «Hay seis plazas, los mejores ya no puntúan y voy a intentarlo con todas mis fuerzas». A sus 29 años le avalan multitud de experiencias para conseguirlo.
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