Óscar Viana repasa los entresijos de un curso tranquilo en el apartado físico
Las lesiones pasaron una cara factura al Obradoiro en la temporada de la ACB. Fue una de las primeras observaciones que le hicieron a Óscar Viana, contratado el pasado verano para hacerse cargo de la preparación física del equipo, tomó nota. Y, transcurridos diez meses, puede presumir de haber cambiado aquella dinámica. Este ourensano de nacimiento, con pasado lucense y afincado hace casi cuatro lustros en A Coruña, hace balance de la campaña recién concluida. Y no deja de mencionar una y otra vez a Tomas Richartz: «Su trabajo ha sido excelente. Como fisioterapeuta y como persona es un diez».
Viana recuerda el ya lejano mes de agosto, cuando se puso en marcha el proyecto: «Desde la primera reunión con el cuerpo técnico hasta que llegaron los jugadores lo que hicimos fue ver muchos partidos y los scoutings individuales para conocer las características de cada uno. Con Moncho planificamos las líneas básicas de la pretemporada y luego dedicamos bastante tiempo a individualizar el trabajo con los jugadores».
Esa fue, quizás, la fase más laboriosa ya que precisó mucho tiempo y dedicación para hacer acopio de información. Lo que a uno le puede venir bien a otro no. Y manejar todos esos matices no es una tarea sencilla.
«Planificamos las cargas de entrenamiento -explica-, e hicimos un estudio individual de los jugadores para ver cuál es el riesgo por lesiones anteriores y su estructura anatómica, y realizamos pruebas de tobillos, rodillas y espalda para saber quienes eran más propensos a las lesiones típicas de baloncesto. Y trazamos las líneas para un trabajo de prevención y fuerza, también compensatorio».
La temporada salió tan redonda, tan a salvo de contingencias, que tiene que hacer un esfuerzo para recordar cuál pudo ser el momento más comprometido: «Quizás después del partido contra el Breogán en Lugo, en la Liga. Hop y Andrés acabaron aquel encuentro muy tocados».
La campaña no dio tregua al Obradoiro. Se jugó la baza del ascenso directo hasta el último minuto. Se quedó con la miel en los labios y, sin anestesia, tuvo que hacer frente a las exigencias del play off: «Desde el punto de vista del preparador físico iba por delante un par de semanas respecto a los técnicos. Mientras ellos preparaban el partido inmediato, intentaba ir anticipando cosas. Tras el encuentro de La Palma ya empezamos a pensar en el play off. Intentamos dosificar los descansos, afianzar cierto trabajo de fuerza y resistencia que no podíamos hacer durante el play off. Tras perder en Burgos, se confirmó. Había nueve días por delante hasta los cuartos de final y quisimos darle el mayor volumen de tiempo al descanso. Y tratamos de apuntalar los puntos fuertes de cada uno de cara al play off».
Lo más veteranos
Viana subraya que el comportamiento del grupo a lo largo del curso no ha tenido tacha. Al principio percibía recelos en la afición respecto a los veteranos. El tiempo ha demostrado que Bulfoni, Oriol, Hopkins o el propio Ruffin sumaron minutos sin problemas: «Un deportistas que llega a competir a este nivel a partir de los 30 o 35 años es por algo. Es gente que se ha cuidado, se preocupa por la alimentación, le da importancia a todo el entrenamiento invisible. Desde nuestra parcela, lo que hicimos fue reforzar esas conductas. Y priorizar el descanso en determinadas fases. Ahí si que se hizo bastante hincapié».
Para Viana no hay tregua, ya que compatibiliza el trabajo en el club con el de la clínica de rehabilitación que abrió en agosto junto a otros socios en Arteixo. La preparación física lo absorbe.
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