El equipo se repuso de una mala primera mitad, pero no pudo remontar porque falló varias ocasiones, incluido un penalti
El Pontevedra no pudo festejar el fin provisional de la crisis económica con una victoria ante el Vecindario. La semana de locos que vivieron los jugadores pasó factura y el cuadro canario se llevó los tres puntos, que le sacan del descenso, a donde caen los granates. El equipo que ayer dirigió Juan Iglesias porque Santos estaba sancionado, se cansó de fallar ocasiones en la segunda mitad. Iban Espadas pudo anotar al menos cuatro goles, pero hasta erró un penalti a diez del final.
La puesta en escena del Pontevedra no fue todo lo buena que cabía esperar teniendo en cuenta la motivación extra que se preveía tras el cobro de las dos nóminas. Pesaron más la tensión y la incertidumbre acumuladas. La torrija costó muy cara porque el Vecindario aprovechó un error de marcaje a la salida de un córner para hurgar más en la herida moral del vestuario. Ruymal fue el autor del tanto. La ausencia de Sergio Castaño se notó en esa acción y en el resto del encuentro.
El 0-1 no despertó al equipo. Todo lo contrario. Los locales se atascaron un poco más y el tiempo transcurrió sin que se percibiese atisbo de reacción. No obstante, se les apareció la Virgen a los 21 minutos al sacar un penalti de la nada. El portero, que fue el peor enemigo de su conjunto durante todo el partido, empezó su recital de desaciertos al dudar en un balón sencillo.
Un portero canario, un amigo
De esa indecisión sacó petróleo Santi Amaro. El medio extremeño recogió el esférico, pero fue trabado por el cancerbero cuando se disponía a marcar. La pena máxima la anotó él mismo. Las nubes empezaban a dejar paso al sol, y el cielo se abrió por completo a los 32 minutos tras ser expulsado el visitante Rubén Coméndez por doble cartulina amarilla. Pero ni con esas llegó la reacción.
Los granates continuaron espesos y fueron incapaces de crear peligro. Por encima, en la recta final del período, otro error defensivo permitió a Yeray batir a Orlando Quintana. Quedaba un minuto para el descanso.
Salida en tromba
La segunda parte fue otro cantar. El Pontevedra salió en tromba y acorraló al Vecindario con más corazón que cabeza. El empate pudo llegar en los primeros segundos. Iban Espadas se quedó solo delante de Santi en el primer palo, pero cruzó en exceso y su potente lanzamiento salió rozando el poste contrario. Omar no llegó por centímetros para empujar el balón a la red.
Un minuto más tarde, Pendín no alcanzó el centro de Claudio, pero el portero canario cantó como Pavarotti e Iban Espadas dispuso de su segunda gran oportunidad. Un defensa sacó la pelota bajo palos.
Al cuarto de hora se repitió la situación. En esta caso, la jugada nació en un córner botado por Santi Amaro que enganchó de nuevo el vasco. Un central canario le sacó otra vez las castañas del fuego a su portero despejando al lado de la raya de gol.
Pero no quedó ahí la cosa porque a la cuarta tampoco fue la vencida. El delantero granate disparó desde la frontal, pero su lanzamiento salió lamiendo la madera de un Santi batido.
Los canarios salieron de la cueva a veinte del final con otro balón en largo aYeray, que puso a prueba los reflejos de Orlando Quintana. La oleada granate regresó con menor intensidad. Dani Pendín remató alto de cabeza en la siguiente llegada y acto seguido Adrián Cruz fue expulsado con roja directa.
Pero no todo estaba perdido porque el árbitro señaló el segundo penalti de la tarde por un empujón al centrocampista argentino. Los espectadores se santiguaron al ver que lo iba a lanzar Espadas, más que nada porque llevaba una mañana negado de cara a gol. Los peores presagios se cumplieron porque el vasco lo lanzó a la cruceta y apenas unos segundos después recibió una dura entrada que le dejó fuera del partido.
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