Entre las medidas adoptadas figura la de prohibir expresamente la contratación de familiares de directivos para desempeñar ninguna labor en el club azulgrana
La actual directiva del Fútbol Club Barcelona parece decidida a luchar contra la corrupción. La gestión de Joan Laporta al frente de la entidad azulgrana ha dejado tan maltrecha la economía e imagen del club que Sandro Rosell, su enemigo desde hace años, trata de evitar que pueda volver a producirse.
Por este motivo, la actual directiva acaba de aprobar la instauración de un código ético para buscar «la excelencia en la gestión, dotándola de transparencia y honestidad», según informó el portavoz Toni Freixa.
Este nuevo documento vincula a los miembros de la junta directiva y ejecutivos del club, y prohíbe expresamente las prácticas que generen conflictos de intereses, la contratación laboral de familiares, la asunción de gastos suntuosos, desproporcionados o injustificados o el cobro de comisiones.
Asimismo, Freixa anunció que también se creará una comisión de control y transparencia, «integrada por un miembro de la junta y de personas de reconocido prestigio del mundo empresarial y desde el punto de vista ético», que velará por el buen gobierno de la entidad.
Por otra parte, el portavoz de la junta negó que haya existido ninguna filtración a la prensa de datos relativos a una investigación que el club está realizando sobre la gestión de Laporta.
«El club no tiene como estrategia de comunicación hacer públicos estos datos», precisó al respecto. El actual presidente, Sandro Rosell, fue la mano derecha de Laporta cuando este llegó al cargo, pero después se distanciaron y Rosell dejó la directiva.
Freixa afirmó que los resultados de la investigación se podrían hacer públicos durante la asamblea de socios de la entidad, que se celebrará el 16 o el 17 de octubre.
A esa asamblea podría acudir Laporta para defender su gestión al frente del Barcelona, después de que se hayan filtrado los gastos supuestamente desproporcionados e injustificados que se llevaron a cabo durante su mandato y que se refieren fundamentalmente a viajes, fiestas y regalos.
Entre los excesos que se atribuyen a Joan Laporta y su junta directiva está el de tener cuentas abiertas en discotecas de la ciudad, en las que supuestamente pasaban algunas noches. Asimismo, se denunciaron facturas por valor de 420.000 euros por la compra de relojes, sin que estuviera justificado el motivo, o la importante remuneración económica que Laporta dio a su director general, Joan Oliver. Acusan al ex presidente de haber pagado comisiones a Oliver, así como un contrato millonario y una indemnización de 800.000 euros, solo unas semanas antes de dejar el sillón de presidencia del Fútbol Club Barcelona.
Los excesivos gastos en viajes, cátering o seguridad privada han sido también denunciados como parte del despilfarro realizado por Laporta.
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