Decía Cruyff que el dinero de un club de fútbol tenía que estar sobre el césped, es decir, destinado por completo al equipo. Ni que decir tiene que no es el caso del Dépor, donde el presidente cobra, según dicen en privado varios blanquiazules, más que numerosos miembros de la plantilla. Al mismo tiempo, la mayor parte de los ingresos del Deportivo deben ir dirigidos a pagar la deuda, lo que convierte la situación en insostenible, con seria amenaza para la viabilidad de la entidad incluso a corto plazo.
Según se filtra desde el club a quien quiera escucharlo, todo se va a arreglar con la llegada de un buen hombre, o mujer, que destinará unos miles de millones de pesetas a tapar el enorme agujero que la gestión de Lendoiro ha producido. La solución es buenísima. Alguien que no sabe qué hacer con su dinero se lo da al Deportivo a cambio de nada. Una genialidad que aplaudiremos todos cuando se produzca.
Pero mientras ese gran hombre, o mujer, no aparece con la chequera, solo quedan dos maneras de seguir adelante. Una es no pagar las deudas y confiar en que los grandes acreedores no se atrevan a ejecutar embargos o a que un buen día alguien solicite el concurso de acreedores al que Lendoiro tiene alergia. La otra solución es vender jugadores. No uno, ni dos, ni...
Mientras tanto, la plantilla acepta con relativa resignación la disminución de sus salarios. Loable actitud que se mantendrá en función de lo que duren los impagos.
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