Los asuntos más ordinarios se convierten en un misterio en este Deportivo presidido por Lendoiro. Algo tan natural como el cumplimiento de las normas y tan lógico como servir a quien se debe (los accionistas) es utópico. Todo es oscuridad alrededor de Lendoiro. Y, tristemente, todo es impunidad. Porque el gestor del querido Dépor ha convertido en cotidiano saltarse a la torera tanto obligaciones legales como morales. Con una impudicia sin parangón, maneja el Deportivo y lo que este gran club significa cual si fuera un cortijo familiar.
Ayer, desde sus medios de propaganda, ofreció el balance económico del ejercicio 2008/09. El mismo que se someterá a aprobación en la junta y el mismo que había negado a algunos accionistas que lo habían pedido legalmente. La ley obliga a facilitar las cuentas del club desde el mismo momento en que se convoca la junta de accionistas (en este caso, la convocatoria se hizo el 18 de noviembre). Y no solo se debe facilitar el balance, sino también el informe de auditoría y la memoria. Pero a Lendoiro no le viene en gana cumplir con esta obligación legal y moral con sus accionistas. Y todo ello, con la mayor impunidad del mundo. Pisoteando los derechos de esos accionistas, unos derechos que él debería defender incluso aunque no cobrara los 558.000 euros que ganará este año.
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