La prematura muerte de Frank Vandenbroucke no es una gran sorpresa; es triste decirlo pero llevaba más de 10 años comprando papeletas para ello. Toda su vida ha sido un kamikaze y -como en el caso del Chaba Jiménez- el tener tanta calidad ha jugado en su contra. Porque esa calidad le permitió ser uno de los mejores sin prescindir de juergas, sin ser un buen ejemplo cuando se bajaba de la bici.
El dopaje no es la causa directa de su irregular trayectoria y triste final, porque ciclistas que se han dopado tanto o más están sanos y viven tranquilamente. Porque además de lo que se metiese para andar más, era un adicto a drogas y medicinas propias de la vida nocturna. Para entrenarse tras una noche de juerga hacen falta estimulantes, pero para luego dormir necesitas tranquilizantes y así día tras día. Cuando eres joven el cuerpo lo aguanta, pero pasan los años, ya no te recuperas ni rindes igual y te llega la depresión (como le pasó a Jiménez). Contra la depresión, más productos, más euforia, más fiesta, más bajones. Continuos cambios de pareja, hijos a los que casi no conoces, problemas policiales, así era la vida reciente de este superclase, ciclista por tradición familiar.
Nunca olvidaré su victoria en la París-Bruselas de 1995 cuando era un pipiolo de 20 años, ya que fue uno de mis primeros programas en Eurosport. Pude narrar muchas más, pero muchas menos de las que habrían llegado si hubiese vivido como debe hacer un deportista.
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