El ex futbolista brasileño Romario de Souza Faría, campeón del mundo con Brasil en 1994, pasa por un momento aciago debido a problemas legales, a los que se suma ahora una condena a tres años y medio de prisión y una multa de más de 600.000 euros por evasión fiscal.
Según indicó ayer la agencia O Dia, un juez de un tribunal criminal de Rio de Janeiro condenó al Baixinho a tres años y medio de cárcel y pagar multa de 1,7 millones de reales por omitir información a la Receita Federal (Dirección Impositiva) sobre ingresos percibidos entre 1996 y 1997. La condena, por un proceso iniciado en 2004, es del 9 de junio pasado y alude a unos 375.000 euros en ingresos no declarados por Romario cuando tenía contrato de publicidad con la cervecera Brahma y defendía al popular Flamengo de Rio.
Como Romario (43 años) es reo primario y su pena menor a 4 años, podrá prestar servicios a la sociedad en sustitución de la pena. Su abogado, Alexandre Lopes, dijo que la condena no procede pues además «tendría que ser probada su intención de defraudar al fisco» y los que declararon menores valores fueron el Flamengo y la empresa RSF (Romario Souza Farías), que cuidaba de la imagen del ex crack.
Romario, retirado desde abril de 2008, afronta un ciclo complicado en su vida, agobiado por unos 30 procesos que van desde atraso en pagos de pensiones a indemnizaciones.
El próximo martes iría a subasta su lujoso apartamento -de más de 2,8 millones de euros- en la exclusiva Barra da Tijuca (oeste de Rio), al deber unos 480.000 euros de tasas mensuales.
La semana pasada compareció ante la policía en el marco de una investigación sobre un esquema de juego ilegal y la muerte de un hombre al cual Romario habría ofrecido un coche de lujo para saldar la deuda por apuestas de un amigo. A mitad de mes debió pasar 22 horas preso hasta pagar la pensión alimentaria de unos 31.000 euros a su primera esposa y madre de dos de sus hijos.
Entre otras, Romario también afronta demandas de los ex jugadores y técnicos Mario Lobo Zagallo y Zico por usar caricaturas suyas en las puertas de los baños de un bar que le tuvo como socio.
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