En 1996 el club vigués debía apenas tres millones de euros a pesar de que el presupuesto era similar al actual
Para entender como el Celta ha llegado a una situación de causa de disolución y ponerse al borde de la desaparecer incluso dentro del actual proceso concursal, hay que analizar la gestión de los últimos catorce años.
Cuando en 1995 Horacio Gómez accedió a la presidencia del Celta, cogió un club casi saneado después de haberse convertido en Sociedad Anónima y del Plan de Saneamiento que dejaron a los clubes limpios de deudas. Ese año se firmaron los contratos televisivos multimillonarios y los clubes comenzaron a cometer locuras económicas a cuenta de ese dinero.
En las cuentas presentadas en 1996, tras el primer año de gestión del ex presidente céltico, la deuda era de 500 millones de pesetas (3 millones de euros). Ese verano el Celta realizó el fichaje de Mostovoi por 350 millones de pesetas, el más caro que nunca había hecho el club, aunque una cifra ridícula con los que vendrían las siguientes temporadas, hasta los 2.500 millones de Catanha. En un año la deuda se dobló y aumentó hasta los siete millones de euros, todavía muy lejos de la actual.
Cuando Horacio Gómez abandonó el club en el 2006 la deuda ya era superior a los 70 millones. Se había multiplicado por más de veinte en el decenio de su mandato.
Sin préstamos
No había ningún crédito con una entidad bancaria
La gran perdición para un club llega en el momento en que empieza a pedir préstamos cuya devolución depende de una buena gestión deportiva, que no siempre se produce. El Celta pidió el primero en 1998, con el que pudo hacer frente a los fichajes de Makelele y Cáceres entre otros. Posteriormente vendrían otros.
En el año 2003 el Celta ya le debía 30 millones de euros a Caixanova y tenía una deuda global de más de 70 millones. Ahí llegaría la Liga de Campeones, que sirvió para paliar una deuda que después volvería a incrementarse con el descenso a Segunda División.
Hacienda
De menos de 2 millones a los 33 del último ejercicio
En 1996 el Celta debía 209 millones de pesetas a las administraciones públicas (1,2 millones de euros). Cuando el club solicitó acogerse hace un año al proceso concursal era de 33 millones de euros. Ha sido el capítulo en el que más se incrementó la deuda, junto al de los créditos a Caixanova.
Entidades deportivas
Un incremento menor por la normativa de la FIFA
Hace catorce años el mayor volumen estaba en las cantidades adeudadas a otras entidades deportivas. Actualmente es poco más del doble. Este dinero ha pasado a deberse a los bancos, ya que según la actual normativa de la FIFA un club está obligado a pagarle a otro en los plazos acordados.
El cuarto capítulo destacado es el de los pagos a la plantilla deportiva, que siempre ha estado controlado ya que no abonar las cantidades a los futbolistas implica un descenso. Sin embargo este capítulo se ha disparado justo el año que Horacio Gómez abandonó el club, llegando a los ocho millones actuales.
Salarios deportivos
El club se gastaba cuatro millones de euros
Además de los desproporcionados gastos en fichar futbolistas, la otra cantidad que ha colaborado a generar la quiebra celeste es lo que se ha gastado en los sueldos de los futbolistas. La misma cantidad que podrá invertir la próxima con la economía de guerra, es la que se gastaba hace catorce años. Pero la cifra llegó a alcanzar los 17 millones y en este caso Mouriño también ha fallado en su gestión.
De los errores se aprende, aunque nunca se sabe, porque el hombre es el único animal que tropieza tres veces en la misma piedra.
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