Algunas situaciones económicas son tan incoherentes, tan opuestas a la lógica del tendero, que en vez de estudiarlas los herederos de Adam Smith deberían ocuparse de ellas los analistas de Íker Jiménez. Tal es el caso del enigma que rodea a los clubes de fútbol y a ciertas entidades financieras. Tras pregonar año tras año gozosas bonanzas, al final nos hemos encontrado con un fútbol quebrado de facto y con muchos bancos y cajas suspirando por la respiración asistida.
PSOE y PP negocian estos días cómo enderezar las cajas de ahorros. Se intuyen numerosas fusiones y se entiende que la implosión de Caja Castilla La Mancha fue solo el disparo de salida. La crisis aprieta hasta a los colosos. Caja Madrid, por ejemplo, la segunda del ránking español, ocupa también idéntico puesto en cuanto a morosidad y suda con la resaca del ladrillo.
En el fútbol también sobran ejemplos de extraños viajes. Por citar uno, se puede hablar del Real Madrid. Florentino (versión 1) logró enjugar la gravosa deuda histórica del club. Pero no vendiendo camisetas, sino con una operación inmobiliaria con los terrenos de la Ciudad Deportiva. Luego vinieron Figo, Beckham, Zidane, Ronaldo (versión 1)... Despacharon muchas camisolas, jugaron en China, hicieron anuncios. Era un negocio fabuloso, la reinvención del negocio del fútbol... Hoy se calcula que el Madrid debe 500 millones de euros (y cuenten con que no tardan tres años en intentar enajenar el solar del Bernabéu para salir del nuevo hoyo).
Caja Madrid anunció ayer que concede un préstamo de 76 millones al club para ayudarle con el alarde de los Cristianos y los Kakás. No hay créditos para los emprendedores. Tampoco para las empresas con futuro que pasan por apuros coyunturales. Pero no hay problema para que la segunda caja con más morosidad se sume a una operación que no se sostiene desde el punto de vista económico. Porque, nos pongamos como nos pongamos, la tozuda realidad reza así: Kaká, Cristiano y los que vengan no generan los suficientes ingresos para pagar lo que han costado. Ese es el talón de Aquiles del modelo actual del fútbol. El tendero de su barrio lo sabe: si compro las patatas a 100 y gano con ellas 80, la tienda no me va a durar mucho. Claro que a él no le dejan dar pelotazos con su solar.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios